Hormigas

Surrealismo en Toluca

La exposición "Georges Visat / El ojo surrealista / París 1940-1990" que puede verse en el Museo de la Estampa del Estado de México, en Toluca, es un breve paseo por la aportación de los surrealistas al aguafuerte y la aguatinta, y por supuesto, un reconocimiento de la valía cultural de quien fuera el impresor y editor por excelencia de ese movimiento artístico del siglo XX.

Es útil para observar los rasgos estéticos del surrealismo y preguntarse sobre la vigencia de sus postulados. Esto último me he preguntado al visitar la exposición, rodeado de las estampas de Roberto Matta y Joan Miró, genuinos vasos comunicantes que parten de aquel movimiento hasta el arte de nuestros días.

¿Qué nos dicen hoy las colecciones de grabados del polaco Hans Bellmer, Man Ray e incluso las estampas de Salvador Dalí, junto a las de Henry Moore, por ejemplo. Más allá de sus eventuales coincidencias temáticas y la cercanía de sus técnicas, tales artistas confirman la línea de continuidad que existe en el arte de siglo XX, y la vindicación de ciertos valores estéticos que son dinámicos por definición, como la noción de ruptura con la generación anterior, la renovación de sus lenguajes y la importancia del artista como interlocutor de su obra con el público, porque si de algo podemos estar seguros de la interminable disertación cultural a que convoca el arte desde los surrealistas.

"Georges Visat / El ojo surrealista / París 1940-1990" terminará en el mes de julio de este año, para seguir su periplo por otras entidades del país. No dejemos pasar la oportunidad de observar obras de primera línea, que aún conservan el aura de efervescencia intelectual de su contexto histórico.

De raíces corazón

Otra exposición que importa visitar en la capital del Estado de México es "De raíces corazón", compuesta por fotografías de Yolanda Olivares, en el Centro Cultural Casa de las Diligencias, de la Universidad Autónoma del Estado de México. Básicamente, las fotografías de esta muestra retratan personajes indígenas de la Sierra Tarahumara y de la región alta de Chiapas, con una mirada antropológica, en primer lugar, pero profundamente estética, que nos deja una grata impresión. Miradas, gestos, posturas, forman un catálogo luminoso que recuerda la herencia fotográfica de Manuel Álvarez Bravo, Mariana Yampolsky y Flor Garduño, pero con una mirada propia y un dominio claro de la luz y la sombra; se observa conocimiento de la tradición y una insaciable sed de decir a través de estas imágenes. Otra recomendación de buen arte joven.