Hormigas

Puedo explicarlo todo


Han pasado ya tres años desde que Xavier Velasco (1964) publicara la novela Puedo explicarlo todo (Alfaguara, 2010), que apenas esta semana he terminado de leer con un dejo de extrañeza: me había acostumbrado a estar en sus 740 páginas sorprendido y complacido de encontrar a un narrador agudo e irónico, divertido y sarcástico incluso consigo mismo. Hay que leerla. La novela aborda una crítica mordaz al autor de libros, al mito del alter ego y a la romántica y cándida relación amorosa. Una novela sin pudor, también, virtud que valoro sobre su intrínseca calidad literaria. He aquí una muestra:

•La civilización consiste en que otros, no sabes quiénes, hagan las salvajadas en tu lugar, de preferencia mientras duermes en ese hogar sonriente y cariñoso donde nunca nadie ha matado un cerdo.

•Llamamos cerdos a los que juegan sucio, aunque a los cerdos nadie les juega tan sucio como la especie que los encierra y engorda de por vida para un día acuchillarlos y enviarlos en pedazos a alimentar cerdos que se creen personas.

•Si van a despreciarte porque eres de lo peor, de una vez que se enteren que no tienes arreglo.

•Un par de divisiones con decimales ayudan más a conciliar el sueño que dos pastillas para dormir.

•Nunca se sabe en qué momento clave tendrá uno que poncharle la llanta a los vecinos, de preferencia por primera vez.

•La edad adulta es la última oportunidad para cumplir los planes que uno fraguó de niño.

•Una forma eficaz de curar los dolores del año anterior es sentarse a planear los del que viene.

•Triste trabajo le queda a las neuronas una vez que el instinto decide que hagan todo lo que según ellas jamás harían. ¿Qué es la mente sino la puta del instinto?

•Tengo perfil ideal de perdedor: decido con trabajos, me arrepiento de cada decisión me arrepiento de haberme arrepentido.

•Si fuera necesario hallar razones para catalogar al ser humano como animal imbécil, habría que empezar por los cumplidos. Son como las rebabas de la conversación, no quieren decir nada y al contrario, están ahí para evitar por todos los medios que la verdad sea dicha. Aunque sí consiguen ocultar el temor, o la perfidia, o la indiferencia de quien lo ofrece. Ofrecer un cumplido es también declarar solemnemente que nos importa lo que no nos importa.

•La vanidad es como los vampiros, no se ve en los espejos.

•Ser compasivo no es decirle cuánto lo sientes, sino encontrar la forma de que lo sienta ella.

•Las mentiras son como bisturíes, no cualquier huelepedos sabe usarlos sin que le tiemble la mano.m