Hormigas

Olor a libro nuevo

En la cultura libresca hay un componente ineludible: el olor de los libros nuevos y viejos, un aroma que a muchos invita a adquirir ejemplares en las librerías y bazares de libros viejos. El papel de los libros contiene lignina, un compuesto químico de la madera de los árboles, que al combinarse con la tinta nos da ese olor característico de los libros nuevos, y que al oxidarse otorga uno distinto al libro viejo.

Los coleccionistas de libros antiguos miden la salud de un libro por la intensidad del amarillo y del olor de sus hojas y el grado de coloración de la tinta impresa en el papel; un libro bien editado conservará por muchos años sus cualidades de legibilidad, ya que para hacerlo se tomaron decisiones de largo plazo: encuadernar con hilo y no solo pegamento, utilizar una tinta que no se degrade al paso de los años y papel de PH neutro, que lo defienda por más tiempo de la coloración amarillenta y de los trastornos derivados de la humedad.

Editar un libro es pensar en un producto que transmitirá conocimiento y experiencia hoy y por mucho tiempo más, y todo editor lo sabe, por eso riñe con los administradores para elegir los mejores materiales, no solo los más baratos. En cada título que se publica hay una apuesta por el futuro del libro. A mí eso es lo que me fascina del olor a libro nuevo.

NUESTRAS ESCASAS HABILIDADES

En México se producen en promedio 335 millones de ejemplares de libros al año, y solo en 2012 el sector privado invirtió 2,530 millones de pesos para hacer alrededor de 30% de esos ejemplares anuales, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.

El sector editorial sigue produciendo muchos libros en México, pero nuestros índices de lectura siguen siendo muy bajos, en comparación. Sin embargo, el problema no reside únicamente en los bajos promedios de lectura, sino en el escaso desarrollo de las habilidades comunicativas de un usuario pleno de la cultura escrita: hablar, escuchar, leer y escribir.

El mundo nos ofrece hoy infinitas posibilidades de lectura, a toda hora y en todo momento, y por ende, nuestra capacidad crítica está activa permanentemente. Pero desdeñamos la lectura sin haber leído siquiera un buen libro; por tanto, estamos atrapados en un círculo vicioso de indiferencia hacia la cultura escrita. ¿No es acaso más alarmante que leer 2.9 libros al año en promedio?