Hormigas

Ojo de Volcán

Es un gusto volver a leer el primer libro de una poeta mexiquense. El orgullo que ostenta la poeta mexiquense J. Xadira Ramírez Romero por su pasado familiar y su patria chica se comprende cabalmente al leer Ojo de volcán (CTE, 2008), un libro de poemas en prosa compuesto a partir del vívido paisaje de los municipios del suroriente del Valle de México.

Con la misma energía con que Gabriel García Márquez exclamara que nadie es de ningún lado hasta que no tenga un muerto debajo, la voz lírica de este libro reclama de quien lo lee volver la mirada a la región de los volcanes, desde el Valle de Xico hasta la tierra donde viera la luz primera Sor Juana Inés de la Cruz, Nepantla, para encontrar en él las estancias de un rito de iniciación.

Conforme escribió su libro, la voz lírica de Xadira maduró. Por sus páginas se deja escuchar el lirismo casi canónico de Aquiauhtzin, poeta precolombino a quien se le atribuye el hermoso poema erótico Canto de la Mujeres de Chalco ("Aquí se extienden las flores del agua y el fuego"...); están presentes las figuras de Fray Martín de Valencia, Juan Manuel de la Mora y Laura Méndez de Cuenca, quienes son evocados con la delicada poesía que irradian las palabras de este primer libro de Xadira Ramírez, quien sigue cultivando la poesía con nuevos proyectos que esperamos leer pronto.

Un viaje al mismo tiempo diacrónico y sincrónico, una ensoñación que recrea animales, monumentos, anécdotas y lugares emblemáticos de los municipios que comparten, bajo la rectoría casi espiritual de los volcanes, una forma particular del ser, más allá de toda geografía política: es la historia común de innumerables generaciones que viven y luchan y se encuentran en los caminos de Amecameca, Atlautla, Ecatzingo, Chalco y Tepetlixpa, sólo por mencionar algunos municipios del extenso paisaje que forman el pie del volcán Popocatépetl.

Xadira Ramírez nos recuerda otro hecho fundamental, con la claridad que sólo la poesía nos puede dar: la historia sucede también en el pensamiento. Al releer los poemas de Ojo de volcán, asistimos a la recreación de un orden especular de aquello que ha resistido las transformaciones urbanas, el ahogo destructor de la metrópoli: la vida de las mujeres y los hombres que construyeron, para nosotros, el territorio que nos corresponde honrar como personas.

No hay nadie más consciente de ello que la propia autora de este libro. Líneas antes aludí a un rito de iniciación. Lo reitero: el de la propia autora, quien al fijar su mirada en el poema, nos lega la virtud del escucha que contempla, quizás fascinado, esa primera enunciación, que será cada vez mejor, estoy seguro.