Hormigas

Leer, escribir

La historia de la lectura puede identificarse en varios planos, y en todos está ligada a la historia de la cultura escrita. Por eso, la lectura se relaciona con la historia de la alfabetización, con el desarrollo de las religiones y con los ritmos de la industrialización, por citar sólo algunos aspectos de este fenómeno que hoy nos parece tan común.

En Occidente, esa historia comienza en Europa, como es lógico, pues en ese continente floreció la cultura impresa. Sin embargo, las diferencias culturales y sociales entre los países determinaron en gran medida sólidas fronteras, cruzadas por la permanencia del catolicismo y la llegada de la Reforma, la práctica de economías tradicionales, los regímenes de censura en la actividad editorial. A ello se suma lo que es propio de la lectura: lo que "entre la Edad Media y los comienzos de la Moderna, hizo de la lectura en silencio y mediante los ojos una norma interiorizada y una práctica común; y la que, entre los siglos XVIII y XIX, familiarizó a los lectores con una producción impresa más numerosa, más accesible y acogedora para nuevas fórmulas editoriales", según lo describen Guglielmo Cavallo y Roger Chartier en su Historia de la lectura en el mundo occidental (Taurus, 2011).

El apego a la lectura en la antigüedad también se deja ver en las fuentes disponibles: los inventarios por fallecimientos, que hacen relación exacta de los libros disponibles en las bibliotecas privadas, o los catálogos de libreros o los de subastas de bibliotecas, que nos proporcionan una idea exacta de la oferta que existía en las sociedades más avanzadas del pasado; incluso los libros leídos por los prisioneros de la Inquisición están identificados en las confesiones testimoniales que aún se resguardan en los archivos de la Iglesia... Agréguense a estos listados las cartas de los viajeros y de vecinos de una comunidad acerca de sus propias lecturas, las autobiografías, los relatos vitales, las memorias de los notables... Hay, pues una gama inmensa de fuentes en las cuales comenzar a indagar la historia de la lectura.

¿Para qué sirve saber todo esto?, se preguntará alguien. La lectura es un proceso de invención, descubrimiento e interpretación de lo escrito, que se proyecta a la realidad de cada lector. Saber cómo se leía antes nos ayuda a comprender mejor este proceso siempre inacabado de leer hoy. Y permite también valorar ese fenómeno en su dimensión temporal, pues leer El Quijote hoy condensa innumerables momentos de lectura de nuestros antecesores, por lo cual nuestra interpretación de esa obra inmortal es también parte de la vida social de la literatura en español. Somos, pues, parte de una larga lista de lectores que se han asombrado con los mismos textos. Es aquí donde cobra sentido nuestro ser en el mundo: somos aquello que fuimos y formamos al ser que existirá en el futuro. "Para ser Yo he de ser Otro", escribió Octavio Paz. Leyendo lo comprendemos un poco mejor.