Hormigas

Hoy, la política es social

¿Cómo voy a saber lo que pienso si no lo leo?, solía exclamar E.M. Forster para sostener su negativa de dar entrevistas periodísticas cuyas respuestas no redactara; el meticuloso escritor inglés procuraba hacer corresponder las intenciones con las palabras que las expresaran, pues en ello fundaba su crítica a la sociedad de principios del siglo XX. Hoy quiero referirme a los recientes hechos sociales de la hora que vivimos, bajo el postulado de Forster.

No todas las palabras tienen una intención crítica, no obstante pueden ser críticas; "no quise decir eso" siempre es una reacción tardía. En la crisis política como la que se vive en México actualmente, es muy importante cuidar que las palabras se correspondan con las intenciones: cualquier razonamiento puede sonar irresponsable y contribuir a la Babel de recriminaciones, respuestas elusivas y soluciones, y por ende, ser inútil a la solución.

Hay un nivel de opiniones corrientes y masivas, provenientes del sentido común, y hay otro donde las palabras deciden rumbos y dirimen conflictos. El primer nivel se repite y se difunde con demasiada prisa, y quizás provoca reacciones equívocas; en cambio, las segundas, las palabras mayores, se escuchan poco, aunque sus consecuencias son devastadoras. ¿A qué me refiero?

Hoy somos testigos de una crisis del sistema político mexicano. Como nunca antes, la política se ha vuelto ineficaz ante el reclamo social. Lo que más me asombra es que las opiniones de unos y de otros actores políticos no afrontan esa crisis, y por ende no proponen una solución.

La política tiene que restituir su función pública. Las palabras mayores tienen que hacerse escuchar con un sentido unívoco, que para mí es un sentido social. "La política, sino es social, no es política", solía decir una mujer a la que admiro, y sigue teniendo razón. Es urgente que resuene en los pasillos del poder, sea público o privado, la oposición e inconformidad de grupos de la sociedad contra la clase política, porque es suficientemente crítica, porque está sustentada en la realidad y porque tiene las condiciones para multiplicarse.

Hace falta un nuevo pacto político que empodere a la sociedad con claridad: reformular mecanismos de corresponsabilidad social, con resultados tangibles, tal como lo hemos empezado a ver en las mesas de diálogo por el Congreso Nacional Politécnico y en las posibilidades legales de las candidaturas independientes, por citar dos temas. Ese pacto político tiene que comenzar por la procuración y la administración de justicia, porque son los pivotes que han generado el movimiento social.

Esta idea no se aparta de la queja inicial: #FueelEstado el responsable de la desaparición forzada y el homicidio de estudiantes. El Estado somos todos.