Hormigas

Hemingway en Finca Vigía

El conocimiento de la vida literaria del escritor norteamericano Ernest Hemingway (1899-1961) pasa por su estancia de 22 años en Cuba. No me refiero a los temas, motivos o tramas de corte tropical que muy poca presencia tuvieron en la obra del narrador, sino a la ambientación de solaz y tranquilidad para escribir, lograda en la Finca Vigía, en el poblado de San Francisco de Paula, a dos leguas y media de La Habana, donde escribió sus obras más importantes, como "Por quién doblan las campanas", "Adiós a las armas", "El viejo y el mar", "Las nieves del Kilimanjaro" y otras.

Ese periodo de la vida de Hemingway está cruzado por cierta bruma que los biógrafos no han indagado con amplitud, excepto por Norberto Fuentes, un periodista militante bien conocido en Cuba por el caso Padilla, que en 1984 publicó su investigación de siete años sobre "Hemingway en Cuba", un libro de extraordinario valor, si se excluye desde luego toda argumentación ideologista, para quienes admiramos la obra perdurable del narrador norteamericano, porque delinea muy bien su personalidad generosa y alegre, y los conflictos de un creador controversial por sus ideas estéticas y políticas.

La quinta, que hoy está convertida en un museo en honor del escritor, fue habitada por Hemingway y su esposa Mary Welsh de 1940 a 1961. Ahí Hemingway encontró, dijo él en una crónica de 1949, la paz necesaria para escribir: "Un vive en esta isla porque [...] se puede tapar con un papel el timbre del teléfono para evitar cualquier llamada, y porque en el fresco de la mañana se trabaja mejor y con más comodidad que en cualquier otro sitio. [...] Pero esto es un secreto profesional".

No necesitaba decirlo, a juzgar por la profundidad de su obra de esa época, que nos seduce y sorprende al mismo tiempo; es de esa literatura que establece nuevos horizontes a sus lectores, ya sea por la novedad de sus conflictos, o por la resolución de éstos, Hemingway crea el universo literario con la talla de un orfebre renacentista, que arraiga y entierra al mismo tiempo la tradición estética de otros escritores de su lengua, igualmente admirables. De la Finca Vigía salió Hemingway para terminar sus días en Ketchum, Idaho, EE.UU., abatido por la depresión, que se acentuó en su patria natal.

Pero esa es otra historia; en ese reportaje de amplio alcance firmado por Norberto Fuentes se puede comprender mejor al escritor norteamericano de aguda personalidad que pobló el imaginario social de una época en Cuba y en la literatura estadunidense. Leyendo "Hemingway en Cuba" se comprende mejor esta afirmación.