Hormigas

Guía de forasteros

El poeta mexicano Jorge Ortega (1972) ha escrito un libro de poemas muy hermoso; me refiero a esa sensación de plenitud que deja haber dialogado con un interlocutor exigente, conocedor y de una gran claridad estética sobre la posibilidad de la poesía, particularmente la de las cosas simples.

Publicado por la editorial Bonobos en el último trimestre de 2014, este libro de poemas viene a cerrar con broche de oro un año prolífico para esa casa editorial y para su autor, quien además de dos libros de ensayos, Molossus publicó una selección bilingüe español-inglés de su obra poética, que abarca ya una docena de títulos en este género.

Guía de forasteros está conformado por 62 poemas agrupados en seis estancias, a la manera de una poética argumentada con metáforas de las cosas naturales, por ejemplo el agua y los insectos, la flor, las rocas, el bosque... que cobran importancia en la medida en que definen a su observador. Desde hace mucho tiempo no había encontrado un poeta que volviera la mirada sobre la gravedad del segundo en la forma de la torre solitaria, mientras "el sol tropieza sobre los contornos"; la voz poética se detiene a contemplar activamente, valga el oxímoron, la vivacidad de los enigmas de la naturaleza, en medio del fragor del mundo moderno, en un timbre que me recuerda a aquel pequeño libro de Carlos López Beltrán, titulado Las cosas no naturales, publicado por Trilce hace 17 años, que recoge la crónica testimonial, la meditación filosófica y una lúdica sensibilidad en clave lírica; cuántos ríos subterráneos puede haber entre un libro de poesía y otro es un misterio que me deja cruzado de curiosidad.

La lectura de Guía de forasteros no requiere esa asociación; el poeta David Huerta señala que este libro es "una apuesta en encrucijada del ser mismo del lector y de la inteligencia que se enciende en el contacto con estos poemas"; semejante afirmación proviene no sólo del conocimiento de la poesía que distingue a David Huerta, sino también del seguimiento que ha dado a la poesía de Jorge Ortega desde hace más de 20 años, cuando éste era un aprendiz de sus cursos de literatura mexicana, etapa feliz en la que tuve ocasión de participar al lado de magníficos poetas como Felipe Vázquez, Citlali H. Xochitiotzin y Ricardo Esquer, por citar sólo algunos.

Un poeta logra magníficos libros como éste a fuerza de constancia, conocimiento, dominio de la técnica y, sobre todo, de una ensayada capacidad para reconocer el fenómeno poético en las situaciones más elementales de la vida, como cuando la abuela empareja calcetines frente al televisor o se escuchan los ruidos de la casa mientras guardamos atención.

Qué gusto haber leído este libro y afirmar que es hermoso, así sea para identificar el grado de admiración que me causa; leyéndolo lo entendemos un poco mejor.