Hormigas

Gastronomía que rompe marcas

Gastronomía es más que pura alimentación; representa una escala más en el mero uso del fuego para cocinar y comer, ya que se eleva a la búsqueda de la satisfacción del complejo gusto culinario. Lo digo porque este fin de semana fui testigo de esa búsqueda, representada en la preparación de un taco de plaza, el más grande del mundo, en Metepec, Estado de México.

El exotismo ineludible de querer ser singular es elogiable cuando se traduce en actos que alimentan el cuerpo, el alma y el espíritu. Eso se propuso un grupo de cocineros de la Escuela Culinaria Internacional, cuyo proceso de aprendizaje debe de contener la cátedra Abatimiento de Marcas Mundiales de Comida. Esta vez, junto con la autoridad municipal de Metepec, los cocineros prepararon 893 kilogramos de chicharrón, charales, habas, verdura en vinagre, nopales, cebollas, pata de res, carnitas de cerdo, barbacoa de borrego, guajes, jitomate, chile manzano, rábano, epazote, acociles enteros, aguacate, queso de rancho, papaloquelite y así, hasta llegar a 30 ingredientes (18 cocinados con antelación y 12 preparados en el momento) que pusieron en más nueve mil tacos de maíz azul para llevar.

Esa proeza de la coordinación intersectorial (62 estudiantes y profesores participaron en la preparación, con el apoyo de 200 servidores públicos) se complementó en el recipiente donde cocinaron: la cazuela de barro cocido, modelada y pintada por la familia del artesano de Metepec Bernardo Camacho Quiroz, cuya obra alcanzó los 2.5 metros de largo y una profundidad de 1.5 metros, con un peso de 800 kilogramos.

Y ahí estuvimos, en la Plaza Juárez de Metepec, pendientes de la hora en que la oficina de los Récord Guinness certificara que tanto el taco como la cazuela son ahora los más grandes del mundo, y que podíamos comenzar a comer ese manjar de rechupete.

ANTOLOGÍA GENERAL DE LA POESÍA MEXICANA

Con gran emoción tengo en mis manos la edición especial de la Antología general de la poesía mexicana / De la época prehispánica a nuestros días, preparada y prologada por el poeta, ensayista y crítico literario Juan Domingo Argüelles (1958), editada por Océano en 2012 y que acaba de llegar a las librerías del Valle de Toluca en una remesa especial.

Solo ver el índice de autores representa ya un aprendizaje. Desde los remotos Tlaltecatzin y Tochihuitzin Coyolchiuhqui, cuya obra procede de mediados del siglo XIV, hasta la poesía de David Huerta (1949), José Luis Rivas (1950) y Efraín Bartolomé (1950), vigentes en la vida cultural de nuestros días, uno recorre seis siglos de poesía y descubre la magnificencia de esa disciplina central de la vida literaria de México. Voy a leerla, y les compartiré mis impresiones.