Hormigas

Evocación de Eliseo Diego

Cae la luz de la tarde de este domingo, y yo cierro el volumen La sed de lo perdido (Editorial Equilibrista, 1993), antología poética del cubano Eliseo Diego (1920-1994). Queda un dulce sabor a nostalgia por un mundo cruzado de referencias históricas y delicadas metáforas, el estilo que Eliseo Diego cultivó con denuedo, con dolor a veces, con alegría muchas más.
Una voz honda y clara, sentenciosa, que encuentra en la memoria un puente que va de poema en poema, de libro en libro: esa es la voz de Eliseo Diego. Las cosas que nombra no son, sin embargo, meras evocaciones agradecidas, sino oportunidad dar sentido a la existencia toda.

Voy a nombrar las cosas
los sonoros altos que ven el festejar del viento,los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Tiene su obra la capacidad de revivir el sentimiento de arraigo y el apego a la primera infancia, con tonos sepias, digámoslo así para referir un tono, una coloratura, una tensión de su estilo.

Las dos entre la sombra y en la pared el viernes
ardiendo inmóvil como vellón purísimo del fuego. (...)
La familiar baranda me rehace las manos
y el portal, como un padre, mis días me devuelve.

En el centro, la reordenación de la casa, Villa Berta, en Arroyo Naranjo, que para Eliseo Diego fue un símbolo de su identidad como poeta, centro gravitacional que irradia vitalidad y que por extensión define la calidez del entorno. El autor siente su mundo entero en sustancial compenetración con las cosas.

¡Oh el hervor callado de la luna que sitia las tapias blancas
y el ruido de las aguas que hacia el origen se apresuran!

Versículos que albergan con suficiencia la materialidad de lo real y proyectan sobre ésta toda su fuerza reverente. El conjunto de la obra de Eliseo Diego no sólo ofrece visiones determinadas, sino que nos muestra la dimensión compacta del mundo, invitándonos a entrar en él, antes que recordarlo.
El 1 de marzo de 1994 murió en México Eliseo Diego. Honor a su obra, lectura de un mundo magnífico.