Hormigas

Escuelas y ciudadanos

Siempre es pertinente leer a Álvaro Marchesi Ullastres (1947), catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid y quien fuera secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Durante toda su vida académica, Marchesi se ha dedicado a estudiar, difundir y proponer nuevos esquemas de educación para ejercer a plenitud la ciudadanía.

En varios países de América Latina los procesos sociales han radicalizado hasta enfrentar a la sociedad, lo que sin duda plantea retos a la educación. El primero: ¿la educación escolarizada puede contribuir a la cohesión social en los momentos de crisis?

La experiencia nos dicta que la educación es sinónimo de adquisición de competencias cognoscitivas y de comunicación, éticas y del conocimiento del mundo actual. De acuerdo con Marchesi, el dominio de estas capacidades se logra mediante el cultivo de la educación para la ciudadanía, a través de la ciudadanía y sobre la ciudadanía. ¿Cómo aprender a practicar, en el sistema escolar, la libertad, la inclusión, la igualdad, la pertenencia, la dignidad, el respeto y el diálogo hasta asumirlos individualmente como un hábito? En principio, adoptando a la escuela misma como un espacio para la sana convivencia, que permitan un suficiente nivel de autonomía y de crecimiento personal.

En nuestras escuelas hay alumnos sin habilidades suficientes para comprender siquiera los puntos de vista de sus compañeros, y en cambio resuelven sus diferencias con violencia. Aun cuando se repite que las habilidades para la sana convivencia se aprenden en el hogar familiar, la escuela es el escenario idóneo para inducir a la adopción de normas eficaces de socialización. Numerosas iniciativas escolares y muchas más decisiones de efecto multiplicador en las aulas son tomadas sin involucrar la participación de alumnos ni el respeto mutuo entre grupos y sin considerar la solidaridad con los más débiles; por ejemplo: ¿cuántos festivales escolares consideran la participación activa de familiares con discapacidad, o abordan para las familias la segregación de género?, ¿cuánto infunden la tolerancia, no en el sentido de sobrellevar una carga, sino en el de considerar a las personas con preferencias distintas al común?

Parece sencillo, pero no lo es. En nuestro país, las escuelas de educación básica enfrentan los mismos retos que en el resto de América Latina, porque el camino hacia la ciudadanía plena es uno solo, aunque tiene una diferencia: aquí educan nuestros hijos. Un tema para encaminarnos al cierre de cursos de este año.