Hormigas

Escalamos un paso

Acabamos de vivir una jornada electoral que trajo muchos sinsabores: candidatos que no pudieron votar donde pensaban; violencia de inconformes; cientos de denuncias ante la autoridad electoral por incidentes que limitaron la votación... en la vindicación más decantada de esta jornada, está el voto individual, secreto y libre de millones. Ese fue el voto que yo observé a mi alrededor, grupo de amigos y familiares interesados en el desenvolvimiento de los comicios porque en ello está también el ejercicio militante de la democracia: estar informados.

Aun cuando las notas periodísticas enfocaron su atención a los incidentes violentos en Oaxaca, Chiapas y Guerrero, con cifras decimales de afectación en la votación general, el grueso de la jornada fue de participación tranquila y en paz. Las redes sociales fueron el eco de la denuncia social en contra de la promoción del voto de 25 "artistas" de la farándula y la impopularidad del Instituto Electoral, muy a tono con la frivolidad de nuestra opinión pública, que busca juzgar antes que comprender.

Me quedo con los resultados: contundentes, dignos de estudio y, sobre todo, el adelanto de un nuevo ciclo en la representación popular federal y local. Si algo hay que celebrar esta tarde, es que todo el proceso previo para llegar a este día se logró, y se logró muy bien. Ahí están los resultados: no hubo grandes conflictos que anularan la elección general. No arderá Troya. No cambiará el rumbo de nuestro país. Se volvió más elocuente el voto, en respuesta a la diversidad política del entorno, y por eso digo que dimos un paso adelante en la práctica democrática. Eso hay que celebrarlo.

Gana la información

Algo que sí hemos logrado es que los medios de información comuniquen con mayor celeridad sus noticias; hubo quienes, atropelladamente, escribieron sus mensajes en las redes sociales, motivados por el afán de ser los primeros. La prisa es mala consejera. Hubo ejemplos de fuentes mal consultadas, o de rumores comunicados como noticias confirmadas; hubo cifras mal entregadas al público, pero una voluntad inquebrantable de cubrir con las nuevas herramientas del periodismo aquello que se nos escapaba a la vista. Y, la verdad, hay mucho que agradecer por ello, porque pudimos observar que la confiabilidad sigue siendo el valor central de la comunicación periodística, y que cuando un error se da, esa certeza se pierde para los lectores. A mí me pasó a mí, ya que me di cuenta quién se guía de un borrego y quién reclama una confirmación. Otra lección para el periodismo y sus lectores.