Hormigas

Equidad para Carlos Olvera

En una de las muchas conversaciones que sostuvimos el escritor Carlos Olvera Avelar (1940-2013) y yo sobre la realidad social de nuestro tiempo, hablamos del acceso equitativo de las personas con discapacidad a la vida pública. El tema era sustancial para él, dado que vivía con una discapacidad motriz que le impedía caminar sin el apoyo de muletas o una silla de ruedas, y por ende, era víctima de la incomprensión y la indiferencia urbanas.

No era la suya una postura de reproche o rencor, aunque sí de lúcidas propuestas en torno de lo que debía hacerse para garantizar el libre acceso de las personas con discapacidad a los espacios públicos y más allá: al centro de las decisiones que las afectan, especialmente en el campo de la cultura y la creación artística. Carlos Olvera sostenía que nadie que tome decisiones en el sector público o privado tendrá completo el panorama si no se pone en el lugar de quienes se verán afectados por sus decisiones.

Sus referencias estaban afincadas en las soluciones que en otros países se han dado, y que bien podrían replicarse en las ciudades mexicanas para facilitar, primero, el acceso equitativo de todos a los espacios públicos de recreación y cultura, y luego, para promover una conciencia real acerca de la importancia de preservarlo como una base de la convivencia social. En otras palabras, superar las limitaciones de nuestras propias incapacidades para comprender antes que juzgar, rasgo esencial del ejercicio institucional público.

Digo todo esto porque la recién creada Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de México atraviesa un periodo de transición que le impone adoptar la estructura de extintos institutos de cultura y deporte, para facilitar la operación de programas y acciones afirmativas en torno de ambos temas, sin demérito de lo ya realizado en el Estado de México.

Una de las líneas de trabajo en cultura es, ineludiblemente, la reivindicación de quienes aportaron su capacidad y talento a la solidez de las instituciones culturales de la entidad, dentro y fuera del gobierno. Y en ello va, sin duda, el aprovechamiento de su legado para instrumentar una política pública de hondo calado, innovadora, acorde a la exigencia social, que trascienda los meros desafíos administrativos y distinga a la nueva Secretaría como verdadero agente de transformación social.

No está de más decir que quienes hoy están al frente de la Secretaría de Cultura tienen la capacidad, probada por varios años de experiencia, y la sensibilidad para impulsar esa visión, y con ello hacer justicia a uno de sus pensadores más preclaros, como lo fue Carlos Olvera, promotor de nuevos artistas, generador incansable de ideas, animador sociocultural y director del Museo de Arte Moderno del Estado de México hasta el último día de su vida.