Hormigas

Carballo y Olvera: una relación fructífera

En estos días no gana uno para tristezas y quebrantos. Hoy ha muerto el escritor, crítico e historiador literario Emmanuel Carballo (1929), nacido en Guadalajara, Jalisco, figura señera de la cultura mexicana del siglo XX, y decidido impulsor de la literatura joven cuando se desempeñó como editor.

Su extensa trayectoria literaria se condensa en biografías dispares que inundan la Red, pero ninguna hace alusión a la editorial Diógenes, que fundara en 1967 con seis títulos de novelistas jóvenes e inéditos: esa era la vocación de la editorial. Esas seis novelas fueron sometidas también al escrutinio de sus lectores, quienes podían votar vía correo para elegir quién de los seis autores merecía la Beca Martín Luis Guzmán, que consistía en un estímulo para escribir y editar una segunda novela.

Los libros editados fueron El libro del desamor, de Julián Meza; Larga sinfonía en D, de Margarita Dalton; Los hijos del polvo, de Manuel Farril Guzmán; Pasto verde, de Parménides García Saldaña; En caso de duda, de Orlando Ortiz, y Mejicanos en el espacio, de Carlos Olvera; todas, primeras novelas que eran muestra de la nueva cultura juvenil de México, en un periodo crucial de la construcción de la identidad mexicana.

Emmanuel Carballo siempre motivó a Carlos Olvera (1940-2013) a seguir escribiendo. Le dio sus puntos de vista para la versión final de Mejicanos en el espacio, publicada en 1968, y lo animó a continuar escribiendo El vuelo de la hilacha, una novela aún inédita de Carlos Olvera sobre la relación de Antonio López de Santa Anna con la comida, luego de que el crítico conociera el primer capítulo de ese proyecto: "En Manga de Clavo", que recibiera el segundo lugar del premio de cuento "Juan Rulfo" de Radio Francia Internacional.

En días recientes, Patricia Maawad Robert, viuda del maestro Olvera, y yo visitamos al maestro Emmanuel Carballo en su casa de Cuajimalpa, para llevarle un ejemplar terminado de El vuelo de la hilacha. Quedó maravillado con esa prosa refinada que versa con admirable soltura acerca de ingredientes y modos de preparación de los platillos preferidos de Santa Anna, para cruzar ese conocimiento con las decisiones políticas del mandatario; una mañana llamó a Patricia para preguntarle si el maestro Olvera no había escrito nada más, pues quería seguir leyéndolo, de tanto que le había gustado la obra.

Se completó, así, el círculo de una amistad que inició en 1967 y se prolongó a lo largo de los años hasta 2014, cuando el maestro Carballo cerró ese ejemplar inédito de una novela que él conoció aún incompleta, y que, de haber podido, habría editado, como lo hizo con la primera novela de Carlos Olvera en 1968.