Quiénes y por qué

La pasión

Con el tiempo uno sabe lo que no quiere y lo que le interesa con mayor profundidad, no sé si con más madurez; en mi caso, cada día elijo más a los seres pasionales, como raras avis in terris, escasos. Parece mentira, pero la mayoría, supuestamente dejándose llevar por los “nuevos tiempos” dejan de lado las emociones que para ellos ya no están de moda, y tratan de manejarse con algo que dicen “sentido común”, que debería llamarse pacatería, conformismo, o servilismo; quieren reducirlo todo a un orden convencional, sin ningún tipo de humanismo, que según ellos, ya no sirve para crecer en estos tiempos.

Yo me quedo con las personas pasionales de todo tipo: rebeldes, idealistas, dramáticos y entristecidos, alegres y trágicos, despechados y trasnochados; ah sí, las magníficas emociones de los que no se venden, los que van a todo galope persiguiendo sus sueños, los que no caben en las estadísticas y cada vez que sufren una derrota, se sacuden el polvo de la ropa y están listos para salir de nuevo a luchar; es decir, el pasional fraterno, el que celebra la vida cada vez que descubre un nuevo amigo, al que se le siente los latidos a varios kilómetros de distancia, cuando tuviste un logro modesto, como el acto sencillo de darle de comer y de estudiar a tus hijos.

Elijo a las mujeres pasionales, porque ellas descubren su ser con las emociones y nada se les escapa de la mirada, sienten lo imprevisible todo el tiempo y alucinan el azar, que es una manera de estar presentes, he visto a las más bellas levantar alcohólicos y drogadictos de las calles, marchar al frente por las causas populares como son la dignidad y la justicia, enfrentándose a la muerte millones de veces en cualquier lugar del mundo.

Sí, me quedo con los pasionales, los he visto gritar y rezar por los vivos y por los muertos, ser los únicos genios que no separan la nobleza, la sinceridad, la valentía, la existencia del espíritu, lo bello, de las emociones; el mundo sería terrible si no existieran relámpagos de los pasionales en actos del amor.

Los he visto convertirse en buenos padres, alumnos en maestros de excelencia, a locos en brillantes artistas, y he lamentado a los serios llegar al poder sin ningún ideal; los pasionales se enfrentan a una realidad sembrada de basura y de cadáveres, son seres con la utopía humanista, que han pasado por todo y que tienen que reinventarlo todo.

Hay muchos puentes para ser una mejor persona, no sólo son los libros y el intelecto, hay que ponerle pasión a todo. La emoción y la inteligencia juntas son generadoras de milagros; de todas las bellezas que he visto, la más asombrosa es la pasión femenina y creo que el poder de esa belleza, logra cambios en el planeta. ¡Ah, juventud, divino tesoro, te vas para no volver, cuando quiero fifar no fifo y a veces fifo sin querer!