Quiénes y por qué

Los hechizos del enemigo

Ante la pregunta diaria, sobre: ¿quiénes son los enemigos de la conciencia humana? Me respondo solo: aquellos que detienen los relojes de la evolución y quieren sostenernos en el pasado, con el fin de perpetuar el hechizo del control sobre lo que se siente y se piensa.

No son seres invisibles, están encarnados, es más, se dedican a torcer la historia, poniéndole sus nombres a calles y avenidas, cuando no a escuelas y centros culturales, que es otra manera de renovar sus brujerías hasta nuevos mandatos del becerro de oro mundial.

Los cables de televisión, por donde llega la señal de la basura humana, son como los intestinos del monstruo de la avaricia que se alimenta de nuestras pobres vidas, de nuestra ignorancia. Hace siglos, las brujas, los nahuales, o los espíritus demoniacos entraban por las chimeneas o por las ventanas para apropiarse del alma de las personas que habitaban en esa morada. Ahora el hechizo mediático cumple la misma función de la brujería antigua: enloquece nuestras emociones, quiebra nuestros diálogos, guillotina nuestros pensamientos, nos hace perder los amores más delirantes, porque es imposible que alguien piense o sienta por sí mismo, cuando está viendo la televisión basura: se cuela la estupidez por las cerraduras, por cualquier rendija, por los oídos mismos, convierte al lenguaje en indigente de sentidos, le quita su riqueza verbal.

El que sabe caminar, sabe pensar, el que sabe leer sabe pensar y amar: si uno ama, por el sencillo acto del “buen amor”, sabrá encontrarse así mismo, no al estilo “telenovelero” que reproduce moldes de personas tristes y limitadas donde sólo el dinero y el poder pueden dar la felicidad: lo más lejano del pensamiento y la belleza humana es la televisión basura.

La educación debe sustituir a la enajenación mediática, a sus hechizos; debe enseñar al individuo a “ser más y no a tener más”, ahora se mide a las personas por lo que tiene, no por lo que “es” en cuanto a sus valores, como si sólo el dinero y el poder dieran una autoridad ética y moral. Y así, queridos míos, el peor de los hechizos: el ladrón se convierte en héroe, un territorio, en el lugar donde hay más delincuentes por metro cuadrado: nos estafa el de la tienda, el de la verdulería, el plomero, el médico, el albañil, el taxista, el de la gasolinera, el servidor público y todos los etcéteras, que a cada uno le haya tocado. Por eso la envidia es un deporte nacional, la vulgaridad una manera de ser, donde nadie duerme, porque es una época de “mal dormidos”… y… (…sí, también). Quizá por todo eso, otro hechizo antiguo que refleja el mal de nuestro tiempo se encuentra en el Museo de Nápoles, entre las pinturas pornoclásicas, hay la de un caballero con un falo descomunal, puesto sobre una balanza, con su escritura en latín:

“Tanto pesas, tanto vales”, yo con él, no compito, pero “teeengomuuucho… pero muuuchocooorazón”.