Quiénes y por qué

Es amarga la verdad

Cualquier tipo de conjetura que uno tire a la mesa, sobre lo que es el vivir, caerá en las trampas de la mente, que busca no enfrentarse a la verdad, porque hay una por sobre todas, que es dolorosa y sin anestesia: la seductora verdad de que somos frágilmente mortales.

Esta trágica condición humana, es que de esta verdad no se tiene escapatoria, por eso se han inventado millones de distracciones vanas, superfluas, vulgares, tal vez porque esta verdad descarnada es tristísima, que de una u otra manera, nos hace ver a la divinidad con gran pobreza de recursos, porque no nos hizo inmortales, pero al mismo tiempo se intenta por todos los medios ocultar ese final.

La otra certeza es ¿por qué vale la pena vivir? En primer lugar, aunque sea una frase hecha, por todas las expresiones que tiene el amor: descubrirlo en uno, conocerlo, no dejarlo ir y a la vez compartirlo; por amar y que nos amen hacemos todo, si no fuese así, nadie podría resistir la implacable verdad.

En segundo lugar, el aprender de la propia experiencia, que irá haciendo nuestro destino, saber que la vida es un presente infinito, donde “hay muchos mundos, pero todos están en este” en un aquí y un ahora, sólo así por lo menos cubriríamos con un velo la amarga verdad, la veremos de otro modo, como el as que esconde el universo, por lo menos tendremos el sentido del conocimiento y del misterio, aunque efímero, del por qué estamos aquí.

En tercer lugar, vale la pena vivir, porque existe el arte, que es la gracia que nos dignifica como humanos, un manantial en el ancho camino de la falsedad y de la injusticia, en una sociedad devastada por la santificación de los delincuentes, la glorificación de la estupidez y el demoniaco elogio de la fealdad, que se niega a verse a sí misma en los espejos creados por una sociedad materialista, castradora de talento, donde la práctica nacional es la “aristofobia”: el odio feroz a la persona que destaque, la maledicencia contra el que se atreva a pensar, la “aristofobia” es el odio al talento de lo bien hecho, en definitiva es el rechazo a la belleza, que por otra parte (lo bello) es la evidencia, que el ser humano tiene todavía, un espíritu que rescatar.

Por supuesto, que si no existieran el pan ni el vino, ni los ideales, ni el placer erótico, ni las mujeres, entre muchos otros goces, no valdría la pena vivir.

Por eso, creo que para que se expresen el amor, el aprendizaje y la belleza, debería reducirse tajantemente a 1%, la cantidad de “seudopolíticos”, (que son mayoría) porque cada uno de ellos se presenta con varios problemas (que no existían), a solucionar, y lo único que sucede es la multiplicación de desastres y el retroceso; porque lo sabemos muy bien, la incompetencia no lleva a ningún tipo de goce y mucho menos al logro de la belleza.