Visión Social

La vida humana

La muerte de nuestros semejantes a causa de la violencia nos impacta grande y profundamente. Ningún logro científico o tecnológico, por grande que haya sido, puede hacer olvidar los millones de muertos de las guerras, genocidios, terrorismo, persecuciones y crímenes del siglo pasado. Nunca el hombre había llegado a tan grandes alturas en el conocimiento y en el dominio de las cosas, pero quizá nunca había caído tan profundamente en el vacío producido por el odio y el menosprecio de los demás.

Si el comienzo del nuevo milenio no parece haber cambiado sustancialmente la situación respecto al final del precedente, quiere decir que se necesita con urgencia hacer resonar a los oídos contemporáneos que la vida humana debe ser respetada y que un mundo de asesinos no puede ser sino un mundo infeliz y desgraciado. No en vano el quinto mandamiento establece "no matarás" como un límite moral imprescindible.

Las formas en las que en el mundo contemporáneo y globalizado se aparta de este mandamiento en el fondo son las mismas que siempre han existido, pero muchas veces acompañadas de ideologías y doctrinas que inducen al odio y a la violencia y que impiden a la conciencia de quienes así obran reconocer el grave daño que se comete.

El quinto precepto del Decálogo implica la condena moral del homicidio voluntario y del suicidio. Puede decirse además que el infanticidio, el fratricidio, el parricidio y el homicidio del cónyuge son particularmente graves por el tipo de vínculos que destruyen. También se condena el provocar indirectamente la muerte de una persona.

La ley moral exige que nunca se ponga a alguien en riesgo de perder la vida sin una razón verdaderamente grave. Por otro lado, obliga a asistir a una persona en peligro según las propias posibilidades. Está claro para todos que un homicidio involuntario, en cambio, no es moralmente imputable.

La vida humana debe ser protegida desde su inicio hasta su fin natural. Si existiera una etapa "no respetable", nada habría para justificar el respeto de cualquiera otra etapa de la vida. En el aborto provocado voluntariamente se desconoce el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida y es por ello inaceptable. Tampoco la eutanasia directa, es decir el poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, es moralmente justificable (otra cosa es la interrupción de tratamientos extraordinarios o desproporcionados, que puede ser legítima).

Contra el quinto mandamiento atentan las acciones dirigidas contra la salud y la integridad, de los demás o la propia, como el comercio y el consumo de drogas, o como el secuestro y la mutilación. Cabe mencionar también que la vida humana exige ser respetada en las investigaciones y experimentos científicos.

Agredir con las armas a otros países o comunidades, provocar la guerra, usar el terrorismo, llevar a cabo campañas de exterminio por motivos políticos, económicos, religiosos u otros, recurrir al terrorismo, establecer leyes inicuas que permiten homicidios masivos... son acciones extremas contra el quinto mandamiento y constituyen la expresión de un mundo que aleja no solo de la fe, sino de la razón. Ojalá que lo cambiemos.