Visión Social

La tutela del ambiente

La conciencia sobre la tutela del medio ambiente ha crecido las últimas décadas. Alguien podría pensar que se trata del tema de algún partido o un asunto que interesa al gobierno. Pero no es así. Todos estamos implicados en procesos que inciden, para bien o para mal, en el medio ambiente. Baste pensar en las grandes ciudades (no digo la Ciudad de México, sino cualquiera treinta veces más chica) y el impacto de las obras que se necesitan para abastecerla de agua y energía, así como para la gestión de los desechos que en ella se generan.

La humanidad debe de afrontar el desafío de tutelar el medio ambiente. Desgraciadamente en realidad sabemos poco sobre el problema. Los programas políticos quizá lo llegan a tomar en cuenta, pero visto que no es un interés prioritario de los ciudadanos que emitirán su voto, se deja quizá como un tema marginal, sobre el que nadie pide cuentas.

Algunas cosas son obvias. Personalmente recuerdo que por los años sesentas y setentas solía ver muchos más animales aún en los alrededores de las ciudades, pero creo que esto es cada vez más difícil, y no sólo porque se haya permitido la caza indiscriminada, sino porque las condiciones de vida, y supervivencia, de muchas especies han sido alteradas.

El medio ambiente es un bien colectivo, destinado a todos, por lo cual no se deben "utilizar impunemente las diversas categorías de seres, vivos o inanimados -animales, plantas, elementos naturales- como mejor apetezca, según las propias exigencias", como lo decía san Juan Pablo II en su encíclica "Sollicitudo rei socialis".

No es que no puedan, y deban, utilizarse los diversos seres, pero es imprescindible hacerlo con responsabilidad, la cual exige reconocer la dependencia de todos los seres dentro de un sistema ordenado, que es el universo y, en particular, nuestro planeta. Un vaso de agua, lo que comimos hoy, el autobús, vehículo o medio con el que nos transportamos, la luz eléctrica, la basura... y otras muchas cosas de la vida diaria están vinculadas a un delicado sistema y, aunque no lo parezca, tiene relación con los graves problemas mundiales en este tema.

Si el problema se acabara con nosotros, alguno diría que al fin y al cabo si echamos a perder el medio ambiente es peor para nosotros mismos. La cosa en realidad es mucho más grave, porque no es solamente a esta generación a la que perjudican sus propios errores, no somos nada más nosotros los que perdemos. La responsabilidad de la tutela del medio ambiente se extiende hacia el futuro, porque, de nuevo como decía san Juan Pablo II en una homilía: "no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana."

Pesa sobre nuestra generación una responsabilidad hacia las generaciones futuras. No es que debamos alarmarnos en modo desesperado, sino comenzar a actuar con conciencia en lo que está de nuestra parte, para poder también exigir a nuestras autoridades que se preocupen del tema. Si la ciudadanía empieza a cobrar conciencia de la necesidad de soluciones que ayuden a cuidar el medio ambiente, los legisladores y políticos tendrán que dar una respuesta.