Visión Social

Los sentidos de la pobreza

La cuestión de la pobreza es una que se plantea y replantea una y otra vez cuando se tocan temas económicos, políticos y religiosos. La pobreza, entendida en su sentido más obvio, siendo en cierto modo una realidad, no es sin embargo una realidad sustancial, es decir, no existe un ente o un ser que sea la pobreza.

Lo que existe son los pobres, quienes comparten una situación que los caracteriza como tales, precisamente la pobreza, que consiste en no poseer los bienes necesarios para el desarrollo personal y comunitario.

Naturalmente, la pobreza así considerada es un mal que hay que combatir.

Los bienes que se necesitan para el desarrollo de la persona, a su vez, son de diversos órdenes o de diversos tipos. Desde el punto de vista material podríamos resumir la cosa diciendo que pobres son quienes no pueden cubrir adecuadamente sus necesidades básicas de alimentación, trabajo, salud, vestido, lugar donde vivir... Pero existen necesidades humanas de primera importancia que tienen que ver más con el desarrollo intelectual, moral y cultural, como por ejemplo la educación, la convivencia social, la expresión artística, las manifestaciones religiosas, etc.

La falta de los medios para el desarrollo humano puede afectar muchos campos y esto constituye siempre una pobreza que hay que remediar y una justicia que restablecer.

Aunque la más impresionante de las pobrezas es sin duda la pobreza relativa a las cosas básicas, ante todo la comida, unos y otros tipos de pobreza suelen entrelazarse y condicionarse: ¿Cómo proporcionar educación a quien le falta el pan de cada día? ¿Cómo trabajará quien no tiene educación, siquiera la mínima?

Pudiera parecer extraño, visto lo anterior, que también se le llame pobreza, entre los cristianos, a una buena cualidad, a un consejo evangélico. Además, Cristo mismo declaró en el Sermón de la Montaña aquello de “bienaventurados los pobres”.

Aquí tenemos en realidad dos casos, el primero se refiere a que alguien puede hacerse pobre voluntariamente en cuanto que se deshace de aquello que en realidad es superfluo y no necesario, como Cristo, quien, como dice san Pablo “siendo rico se hizo pobre” por amor a nosotros, y como los santos, por ejemplo san Francisco de Asís. La bienaventuranza en cambio nos indica que finalmente habrá justicia, la cual debemos procurar desde ahora, y que la entrada al Reino de Dios no depende de cuánto dinero tiene alguien.

La pobreza, como mal que afecta a la humanidad, si bien nunca podrá resolverse en modo absoluto porque cada generación tendrá siempre que preocuparse de que se lleve a cabo una justa distribución de la riqueza en su propio tiempo, desde otro punto de vista puede y debe ser afrontada desde el punto de vista de la solidaridad y de la justicia.

Amar a los pobres, como quiere hoy poner de relieve el Papa Francisco, no puede entenderse como una opción política “de izquierda”, porque ello sería deformar abusivamente la propuesta del pontífice, sino como verdadero camino de solidaridad que permite apreciar a todos por lo que son y no por lo que tienen.

La urgencia económica y política de hoy es la de buenos líderes y gobernantes, pero éstos sólo podrán emerger de una ciudadanía que cultive, viva y exija solidaridad y justicia.