Visión Social

La seguridad pública

Son muchas las notas sobre hechos relativos a la seguridad en México. No son solo las noticias acerca de delitos cometidos, tambiéncomentarios sobre problemas más complejos y difíciles de resolver, porque es de una situación en la que confluyen temas como la corrupción de servidores públicos, narcotráfico y crimen organizado. A esto se suma la cuestión política, para alardear de los éxitos propios para disminuir los niveles de delincuencia o para desprestigiar al adversario señalando sus fracasos en la cuestión.

Es claro que el Estado, en sus tres niveles de gobierno, tiene como tarea proporcionar seguridad a los ciudadanos para que desarrollar actividades familiares, sociales, económicas, culturales, deportivas, etc. Para ello cuenta con la fuerza pública, de modo que, en la medida posible, se prevenga el delito y, si se comete, los delincuentes sean presentados ante autoridades judiciales, encargadas de impartir justicia.

Una categoría esencial en la seguridad de cualquier Estado es, la policía, pero... ¿Qué es lo que pensamos los mexicanos cuando se habla de la policía? ¿Qué efecto nos hace la palabra? Hay que reconocer que la cuestión comporta un serio contraste entre el deber ser y la imagen que a veces se encuentra. Se debería pensar en personas honestas, preocupadas por el respeto a las leyes, valientes y capaces de arriesgar su vida para proteger a los más débiles. Sin embargo muchos piensan en abuso de autoridad y corrupción, o al menos en personas sin preparación, tal vez ex delincuentes.

No tendría sentido un discurso maniqueo donde se defienda o se condene al policía mexicano en base a estereotipos. En cambio puede ser útil la necesidad de revalorizar la función policial apoyada en una purificación de las instituciones. Tener una buena policía requiere una decisión política que trascienda los límites partidistas y la lógica de ganar elecciones y acumular poder.

Una buena policía es algo de lo que el país, y el Estado de México, tienen necesidad. Pero esta meta no se puede alcanzar en el corto plazo. Los policías deben ser personas bien preparadas profesionalmente, por supuesto, pero aquí, la cuestión técnica, siendo importante, no es lo más importante. Los policías necesitan una preparación cultural y moral que les permita, más allá de manejar un arma, ver las cosas con sentido cívico, de servicio y de respeto y defensa de la dignidad humana.

Cuando se celebró el jubileo del año 2000 en Roma, un día fue dedicado a las fuerzas armadas y a la policía. San Juan Pablo II les dirigió un discurso hablando de estar con Cristo en la defensa de la justicia y de la paz. Diciendo que el mundo los necesita, invitaba a militares y policías a darles un sentido concreto y correcto. Les habló con gratitud de su empeño, recordando dramáticas situaciones que amenazan a la humanidad. Los confortó pidiendo que miraran la figura victoriosa de Cristo, juez de la historia, confiando en su constante asistencia.

Ojala que en México se comenzaran programas de mejoramiento y formación de la policía. Sí, esa sería una tarea de las autoridades, pero los ciudadanos podríamos, con todo derecho, ir poniendo las cartas sobre la mesa en este importante tema, puesto que somos finalmente los beneficiados o los perjudicados, según se decida.