Visión Social

Los relatos del Génesis

L a pregunta sobre el origen del mundo y el del hombre es antigua y las diversas culturas han procurado darle una respuesta. Tales respuestas no son del mismo tipo y sería un error querer encontrar en ellas siempre una respuesta científica, según los parámetros actuales. Obviamente los relatos del libro del Génesis son los que nos resultan más conocidos. Los cristianos, que creemos que son inspirados, descubrimos en ellos ante todo un mensaje teológico, no un tratado científico moderno. La pregunta es si pueden tener también un valor y un interés para los no-cristianos.

Quien no cree puede apreciar sin duda el valor histórico y literario de los textos, como puede hacerlo con muchos otros de la antigüedad. Puede además descubrir el valor humano de su contenido y ser sensible a la sabiduría ahí "escondida", relacionándola con la del tiempo y cultura en que se escribieron. Puede descubrir la filosofía subyacente y admirar las respuestas a los interrogantes vitales que siguen siendo los mismos para el hombre "postmoderno" de los nuestros globalizados tiempos: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué es el mundo y cuál es su origen? ¿Qué o quién es Dios?

Al hablar, por ejemplo, de derechos humanos no todos se dan cuenta de que la semilla de la propuesta que conduce al reconocimiento de los mismos se encuentra en los relatos bíblicos. Es ahí donde el ser humano es visto como un ser peculiar, cuya dignidad se fundamenta en haber sido creado "a imagen y semejanza de Dios". De aquí deriva toda una antropología sobre la dignidad de la persona que y la sociabilidad humana.

Quienes compusieron aquellos textos hace tal vez unos tres mil años, recogiendo tradiciones seculares, encuadrándolas y ordenándolas, no podían imaginar que tantos siglos después, o milenios, sus intuiciones pudieran servir de fundamento y aliciente incluso para una propuesta ecológica. En efecto, la visión del mundo como creación buena de Dios lleva al reconocimiento de una ética que exige respetar la naturaleza de nuestra "casa común" y obliga a su cuidado y conservación.

En cierta ocasión uno me decía que no tenía sentido estudiar lo que decían textos tan viejos, porque la humanidad ha progresado y aquello es anticuado y por lo mismo inútil. El conocimiento humano, habría que responder, en algunos campos es, por así decir, acumulable. Ese es, en efecto, el sentido de la escritura, de los libros y de la actual informática, pues sirven para transmitir y acumular la información. Pero la sabiduría, que tiene que ver con el arte de vivir, no es acumulable de la misma manera. Cada generación, e incluso cada persona, tiene que encontrar las respuestas al problema de la vida y de su sentido y, para ello, vale tanto lo que los antiguos pensaban, cuanto lo que a lo largo de la historia, hasta nuestros días, han reflexionando y meditado quienes se han planteado los mismos grandes problemas.

Que los cristianos creamos que las grandes intuiciones del Génesis vienen de la inspiración divina, no debería ser impedimento para poder hablar incluso con los no creyentes de los valores humanos que contiene. Al contrario, puede ser provechoso y ocasión para impulsar el respeto a las personas y el mejoramiento de la sociedad.