Visión Social

La persona y las personas

El diccionario de la lengua española nos da como primer significado de “persona” el de “individuo de la especie humana”. Ésta es una aproximación básica, pero del mismo diccionario podemos recoger otras acepciones análogas del término, entre ellas la filosófica de “supuesto inteligente” (o sea, ser sustancial inteligente), y la jurídica de “sujeto de derechos”.

Cabe notar además que se menciona el significado en la doctrina cristiana, es decir, “el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo, consideradas tres personas distintas con una misma esencia”.

La individualidad de la persona humana no es absoluta, como si una persona y sus características no dependieran más que de sí misma; pero tampoco es correcto considerarla como un elemento determinado de un sistema en el que desempeña alguna función. Los seres humanos se encuentran ligados entre sí con relaciones variadas y múltiples, donde ninguno puede ser puesto como medio para alcanzar un fin.

La persona no es un bien útil, sino un bien y un fin en sí misma, junto con las demás personas con las que forma grupos y sociedades. Por ello, tanto el individualismo como la masificación atentan contra la naturaleza del hombre y son males y tentaciones a vencer.

La persona humana es una unidad, no un conglomerado de elementos yuxtapuestos, sino “uno” en su cuerpo y alma. Las facultades superiores del hombre, como la capacidad de conocer y de amar, se encuentran íntimamente unidas a las corpóreas y sensibles, por eso el hombre no es la simple suma de los órganos que componen su cuerpo o de los materiales que forman parte de él, pero tampoco puede prescindir de ellos.

Por su corporalidad el hombre se encuentra en el mundo donde libremente ha de alcanzar su desarrollo y por su espiritualidad es capaz de penetrar y conocer la profundidad de las cosas y descubrir la realidad espiritual de su propio ser y de Dios como causa primera y última de todo.

Se dice que la persona está “abierta al infinito” porque con su inteligencia y voluntad puede elevarse sobre las cosas y dirigirse hacia el bien absoluto y hacia las demás personas en cuanto tales. Cada una es única e irrepetible, con la potencialidad de conocerse, comprenderse y determinarse y tener conciencia y responsabilidad de sus propios actos.

Una sociedad justa no puede edificarse sino en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. La sociedad humana es tal porque se compone de personas y éstas no son medios. Las personas se necesitan unas a otras sobre todo porque es imposible su desarrollo sin las relaciones que forman las amistades, los matrimonios, las familias, los grupos, las naciones... Una persona puede desarrollarse solamente con los demás, formando comunidades, pero nunca “usando” a los demás, porque también son personas.

Una persona puede llegar incluso a sacrificarse por los demás, por su familia, por sus amigos, por su patria, por su iglesia... precisamente porque aquellos por los que se sacrifica son personas iguales a él, amadas en sí mismas dentro del tejido inseparable de las relaciones con las demás personas con las que forma sociedades.