Visión Social

La mentira

La pérdida de la confianza en los demás puede debilitar las familias, los grupos y la sociedad y provocar frustraciones e injusticias, ya que la cohesión que naturalmente produciría la confianza tiene que ser sustituida por otros medios, como el miedo y la violencia. El hombre busca naturalmente la verdad y, como decía Santo Tomás de Aquino, "los hombres no podrían vivir juntos si no tuvieran confianza recíproca, es decir, si no se manifestasen la verdad". La causa de la pérdida de la confianza es la mentira.

La mentira no debe confundirse con el error ni con lo que es falso. Así, cuando alguien afirma o niega algo falso, está en el error, ya que lo que dice no corresponde a la realidad, pero puede ser que subjetivamente piense que dice la verdad, que no sea consciente de su error. La mentira en cambio supone una desviación moral, porque quien la dice sabe que lo que dice es falso y, a pesar de ello, lo sostiene como verdadero. En la mentira no se trata de la relación entre el pensamiento y las cosas, sino entre las palabras y el pensamiento.

Se suele distinguir así entre la verdad ontológica, que es la que corresponde a las cosas como son, la verdad lógica, que es la adecuación de la mente con la realidad, y la verdad moral, que es la adecuación de las palabras al pensamiento (cabe notar que en otros campos, como el de la lógica matemática, "verdad lógica" puede tomar otros significados, pero no nos referimos a ellos en este artículo).

Aprendimos que el octavo mandamiento establece "no levantarás falso testimonio ni mentirás". Contra este precepto se falla con los juicios temerarios, la maledicencia y con la calumnia. Lógicamente existe una graduación en las mentiras y su gravedad depende de la importancia de la verdad que se deforma o niega y de los daños que la mentira causa.

Entre las mentiras de mayores consecuencias, a causa de la amplia dimensión social que las distingue y de los graves daños que causan, tenemos las mentiras en el ámbito político. Tales mentiras muchas veces resultan asociadas al robo o incluso al homicidio, como resultado de la búsqueda ilícita de dinero y poder. Estas mentiras generan desconfianza y escandalizan a muchas personas. En cierto modo actúan como "catalizadores" de otras mentiras en todos los niveles sociales. Consecuencias similares por su gravedad resultan de las mentiras de quienes detentan un liderazgo social, económico, cultural o religioso.

Para recuperar la confianza lo primero es ser conscientes de que este problema no se puede resolver en un corto plazo. Esto se ve más o menos claro a nivel de la familia o de los amigos. Al que dice habitualmente mentiras no le comenzarán a creer por decir una vez la verdad. Socialmente sucede lo mismo: la confianza puede recuperarse sólo con tiempo y esfuerzo. Ninguna otra cosa sino la perseverancia en la verdad permite resanar las heridas de la desconfianza.

En México, y en el mundo, la confianza recíproca entre las personas es una condición indispensable para poder vivir en una sociedad más justa. Comencemos respetando el octavo mandamiento en nuestras familias y busquemos que esta convicción se extienda cada vez más para el bien de todos.