Visión Social

Las madres y la sociedad

Decía San Juan Pablo II, en su carta a las familias en 1994, que "la paternidad y la maternidad humanas, aun siendo biológicamente parecidas a las de otros seres de la naturaleza, tienen en sí mismas, de manera esencial y exclusiva, una semejanza con Dios, sobre la que se funda la familia, entendida como comunidad de personas unidas en el amor.

Que hay una semejanza con otros animales es una cosa evidente, si bien biológicamente se pueden también encontrar diferencias propias de la especie "homo sapiens", de todas maneras permanecen como una explicación que pertenece al campo de la biología. La parte interesante, pasando al terreno de la antropología filosófica y de la ética social, es la que se refiere a las diferencias esenciales y exclusivas del ser humano en cuanto persona no reducible simplemente al reino animal.

La paternidad y la maternidad humanas exigen una consideración atenta, en cuanto que no son sólo factores para la multiplicación biológica de los individuos de la especie, sino en cuanto que con ellas se pone en juego lo que sitúa al ser humano en la dimensión personal, como sujeto de derechos y deberes, digno de amor, de justicia y de libertad. La subjetividad social de la familia manifiesta su grandeza y trascendencia sobre todo por ser el lugar natural y abierto para la recepción de las nuevas personas. Esta subjetividad social significa que no estamos nada más ante un objeto, algo sobre lo que hay que actuar o de lo que hay que hablar, sino que nos encontramos con un sujeto que actúa socialmente y que tiene algo que decir.

La "semejanza con Dios" de la que hablaba San Juan Pablo II ciertamente es una idea bíblica perteneciente a la revelación, con lo cual nos situamos más en el campo teológico que filosófico. Ahora bien, dado que no todos en la sociedad son creyentes, podríamos preguntarnos si también a este nivel, el de la razón, podemos descubrir algún destello que apunte en la dirección de asegurar que cada ser humano posee una dignidad propia.

El día de las madres, que acabamos de pasar, es un indicativo y un indicio importante a través del cual podemos captar algunas de las características de la familia y de las personas. No es un asunto meramente sentimental, aunque implica muchos sentimientos. Existe una conciencia del papel crucial que las madres desempeñan en el desarrollo de las personas. Me viene a la mente el testimonio de Kevin Durant, del jugador más valioso del año pasado en la liga Americana de Basquetbol, quien decía que era su madre a quien deberían otorgarle el premio.

Son los padres, y sobre todo las madres, quienes primero reconocen la dignidad de sus hijos, quienes perciben que ellos no son comparables a las cosas ni a los animales. En ello el instinto no es todo, creo que todo ser humano es capaz de captar la dimensión trascendente de la vida humana ante el "milagro" de cada nueva vida.

La sociedad necesita reconocer y reforzar la ayuda y protección de la familia y matrimonio y dar especial relieve al papel de las madres que deben afrontar tantas dificultades porque muchas veces son también trabajadoras o porque quedan solas para sacar adelante su hogar. ¡Gracias a todas las madres mexicanas!