Visión Social

El lobo del hombre

Tristemente, una y otra vez vuelven las noticias sobre guerras y graves crímenes en el mundo y en nuestro país. Ante nuestros ojos tenemos las noticias acerca del "Estado Islámico" o del grupo "Boko Haram", así como las noticias sobre las fosas clandestinas en Iguala, la lucha contra el narcotráfico y muchas otras.

Esto hace recordar –y pareciera dar razón– a Tomás Hobbes (1588-1679), famoso pensador inglés que sostenía que el hombre es un lobo para el hombre.

Según Hobbes el último resorte del comportamiento social humano es el egoísmo, relacionado con el instinto de conservación y el afán de poder y seguridad. Para él, en la naturaleza se da una guerra de todos contra todos. Esta situación se caracterizaría por el miedo en el que cada uno busca proteger su existencia. De ahí, piensa él, la necesidad de un contrato social.

El Estado surgiría porque los individuos trasfieren sus derechos a un superior, para superar la inseguridad. Al Estado o "Commonwealth" le llama con el nombre bíblico de "Leviatán", que sería una especie de dios mortal que asegura la paz a los ciudadanos. El gobernante se obligaría a garantizar el orden y la paz, incluso imponiendo su voluntad. Todavía más, para Hobbes el derecho surgiría del Estado, y lo justo y lo injusto se distinguirían según la voluntad del poder soberano.

Las ideas de Hobbes, sin embargo, parten de un presupuesto inaceptable, a saber, la negación de la natural sociabilidad humana. El hombre no es por naturaleza enemigo de sus semejantes, sino solidario con ellos, porque no puede subsistir sin los demás, es decir, el ser humano es social por naturaleza. Desgraciadamente existen tendencias en el ser humano que lo pueden impulsar por el camino del egoísmo a determinarse voluntariamente a obrar moralmente mal.

Buscando una salida para poder justificar las acciones del Estado y el orden social, Hobbes lo puso como el garante del bien y le concedió incluso la facultad de decidir como última instancia entre lo bueno y lo malo, porque para él solamente el Estado decide lo que es justo y lo que es injusto, alineándose de este modo con el positivismo jurídico. Así, desconoce que el Estado está obligado a respetar un bien que no es determinado por él mismo, sino que se encuentra en las exigencias de la sociedad, fruto natural de la esencia humana.

Si el Estado fuera consecuencia del contrato social ¿cómo podría sostenerse que para garantizar la seguridad tenga la facultad de imponer sobre los ciudadanos una justicia arbitraria, si éstos le dieron origen y le invistieron de sus poderes? No ha existido nunca un "contrato social" a la manera como lo plantean Hobbes y otros, sino una larga evolución de las sociedades a través del tiempo, que las va conformando siempre sobre la base de la naturaleza humana, es decir, de lo que es el ser humano.

Por otra parte, que el hombre no es el lobo del hombre lo demuestra la gran mayoría de personas que trabaja todos los días por su familia y su comunidad. Lo demuestran también los voluntarios que, aun a riesgo de sus vidas, buscan tender una mano a las víctimas más débiles de las guerras y las injusticias.