Visión Social

Justicia y humanidad

´En un video documental aparecía un cuervo que lograba superar una prueba que le permitía obtener comida; pero al momento en que la comida estaba disponible otro cuervo que se la robaba. La reacción ante el hecho, de quienes lo veíamos, era de cierta inconformidad, porque nos parecía "injusto", aunque, lógicamente, nadie podría acusar al cuervo ladrón de ningún delito.

La justicia no es cosa de animales. Solo los seres humanos pensamos y queremos que a cada uno se le dé lo que le corresponde, lo que es suyo. Entre los animales pueden existir vínculos o relaciones, y pueden actuar unos en favor de otros en modos muy variados, incluso pueden reprimir ciertas conductas de los miembros de un grupo, pero la verdadera "sed de justicia" es una de nuestras propiedades exclusivas.

Los animales luchan por su supervivencia, tienden a multiplicarse y dejar descendencia, pero no luchan por la justicia. Si alguien se preocupa porque a ellos no les falte lo que les corresponde y por crear leyes a tal efecto, ese alguien tiene que ser humano, y leyes así se espera que las cumplan los humanos.

La justicia indica un nivel diferente en la humanidad que va más allá del nivel biológico que compartimos con los animales. Ese otro nivel es constitutivo esencial nuestro y, por ello, al hablar de naturaleza no usamos el término exactamente igual si hablamos de los animales o si hablamos de nosotros. De ahí que, cuando se trata de ley natural, en el caso humano, no debemos pensar que se refiere a nacer, crecer, reproducirse y morir, sino de eso que nos distingue y que es la base de nuestras culturas y de nuestras sociedades en cuanto humanas.

El hombre se gobierna gracias a su entendimiento y voluntad, gracias a los cuales es responsable de sus actos en función de la verdad y del bien. A ningún animal se le piden cuentas o se le atribuye responsabilidad. El íntimo deseo de justicia no es simplemente una estrategia biológica para evitar la destrucción de nuestra especie, sino una exigencia de nuestra racionalidad y del reconocimiento de la dignidad de cada persona.

Puede decirse que la vida está llena de injusticias y que así ha sido toda la historia, que el mundo actual está sumergido en juegos de poder político y económico en los que la justicia no cuenta suficientemente. Es verdad, pero también es verdad que siempre podemos hacer algo, pequeño o grande para arreglarlo. Como dijo Jesús: ¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia!