Visión Social

La idea de desarrollo

Una de las principales preocupaciones del papa Juan Pablo II, que será canonizado el próximo 27 de abril, era la cuestión social, ya que él deseaba un desarrollo de todos los pueblos que fuera respetuoso de la persona humana en todas sus dimensiones. Sostenía que había que reconocer principios de reflexión y directrices de acción fundamentales y buscaba hacerlos presentes mediante su enseñanza.

Al mismo tiempo el Papa polaco pensaba que dado que la vida está sometida a la variación de las condiciones históricas y el flujo de los acontecimientos, es necesario adaptar los principios, no cambiarlos, para responder a tales variaciones. Así, en 1981 escribió la "Laborem exercens", en 1987 la "Sollicitudo rei socialis" y más tarde, en 1991, la "Centessimus annus".

Estos puntos de referencia del pensamiento social del beato Juan Pablo II, es decir la solidez de los principios y la adaptación a las nuevas circunstancias, son expuestos en la "Sollicitudo rei socialis", donde recuerda a Paulo VI y hace ver cómo el magisterio de aquel pontífice continuaba siendo importante y actual, pero al mismo tiempo procuraba profundizarlo para afrontar mejor los nuevos problemas que se iban planteando. Reconocía a su predecesor su inspiración en el Concilio Vaticano II y, además, el haber afirmado con claridad que la cuestión social había adquirido una dimensión mundial.

Dicha aportación no era simplemente la constatación de que en todo el mundo hay problemas relativos al trabajo y a los obreros, sino sobre todo que un país con sus problemas sociales no país no debe considerarse como algo aislado, sino como sometido también al influjo de factores regionales e internacionales.

Por este hecho el papa Juan Pablo II llamaba la atención de los políticos y de los ciudadanos, especialmente de los cristianos, para que en sus decisiones consideraran siempre esta interdependencia. Para el Papa, la idea del desarrollo cambia si se considera desde el punto de vista de la interdependencia universal.

Notaba entre otras cosas cómo "las fronteras de la riqueza y de la pobreza atraviesan en su interior las mismas sociedades tanto desarrolladas como en vías de desarrollo". Esto significaba que en los mismos países "ricos" se encontraban tristemente muchas personas golpeadas por el flagelo de la pobreza. Pero aclaraba también que "el subdesarrollo de nuestros días no es sólo económico, sino también cultural, político y simplemente humano".

En el fondo Juan Pablo II se preguntaba si esa triste realidad no era fruto más bien de una idea demasiado limitada, prevalentemente económica del desarrollo, que hacía más rígidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros. Los acentos que en estos puntos ha puesto hoy el papa Francisco, como también lo había hecho Benedicto XVI, nos hacen pensar en que este problema de fondo no lo hemos resuelto todavía los seres humanos, y que es necesario que comencemos cada uno por nuestra persona y por nuestra casa.