Visión Social

La herencia del pasado

Aunque las concepciones actuales de la política son distintas de la que tenían los griegos y los romanos, son al mismo tiempo deudoras de la que existía en aquellas culturas, que la veían como una actividad de importancia central en la vida humana. Ya en ellos se puede apreciar que bajo cualquier orden político se halla una cierta teoría social y una apreciación del bien y del mal correspondientes a ésta.

En la literatura griega quedaron los testimonios de diversos sistemas políticos, de las ideas sobre la monarquía, la aristocracia y la democracia, de la necesidad del buen gobierno, del origen de la autoridad. Estas culturas sobresalieron no sólo a nivel práctico, sino en la reflexión y en la elaboración teórica, en la que destacan personajes como Solón, Perícles, Sócrates, Platón, Aristóteles o, más tarde, ya en los tiempos del dominio de Roma, otros pensadores como Zenón o Marco Aurelio.

No solamente las ideas greco-romanas, sino la influencia judía y cristiana son importantísimas raíces de las actuales ideas políticas. El Antiguo Testamento muestra un gran interés por la convivencia y el gobierno del pueblo de Israel, así como de sus relaciones con los demás pueblos, de modo que toma posturas claras ante el poder, las leyes, las sanciones y otras muchas cosas. La profunda huella dejada por Jesucristo en la humanidad es indudable, aún para los no cristianos, y su actitud ante la política así como la actitud de sus seguidores han tenido un peso muy grande hasta el día de hoy.

En el mundo de las ideas y de la praxis política actual resuenan, aunque muchos no lo perciban, la forma como se forjaron y entendieron al paso de la historia las relaciones de la Iglesia y el Imperio Romano, los grandes autores antiguos como san Agustín o san Juan Crisóstomo y, más tarde, la visión medieval de la política, desde la división entre Roma y Bizancio, las ideas y vicisitudes del feudalismo, hasta el pensamiento islámico, el pensamiento judío medieval y las ideas de san Bernardo o de Santo Tomás, por mencionar solamente un poco de lo mucho.

Los tiempos de Cervantes eran ya tiempos modernos. Si pensamos en las locuras del Quijote quizá nos venga la idea de que ante todo el caballero de la triste figura es una figura cómica, pero esto sería una reducción equivocada. En el fondo, pienso que el Quijote representa la necesidad de rescatar el pasado aunque a muchos les pueda parecer inútil. Ciertamente había muchas cosas que dejar atrás y que el Quijote continuaba arrastrando en su vida, pero es cierto también que los modernos en buena medida hemos perdido, porque no reconocemos nuestra herencia, el ideal y sentido humano profundo, metafísico y teológico de la existencia.

La conclusión a la que deseo llegar no es la de menospreciar la modernidad, de la que obviamente soy deudor, como acabo de decir, sino la de saber buscar también en el pasado un poco más lejano, sugerencias para afrontar los problemas de hoy, que por muy modernos que nos sintamos, siguen ahí presentes y amenazadores. Son problemas para los que no bastan la ciencia y la técnica porque son, ante todo, problemas humanos.