Visión Social

La familia, sujeto social

Juan Pablo II, quien será canonizado próximamente, veía la familia ante todo como una comunidad de personas y afirmaba en la exhortación "Familiaris consortio" que ella es "el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización de la sociedad: colabora de manera original y profunda en la construcción del mundo, haciendo posible una vida propiamente humana, en particular custodiando y transmitiendo las virtudes y los valores".

El papel de la familia para él "no puede ciertamente reducirse a la acción procreadora y educativa, aunque (este papel) encuentra en ella su primera e insustituible forma de expresión. Las familias, tanto solas como asociadas, pueden y deben por tanto dedicarse a muchas obras de servicio social, especialmente en favor de los pobres ...".

La subjetividad social de la familia se refiere a esta capacidad de acción de las familias para el servicio de los demás, especialmente de los más necesitados. En este caso significa que la familia es un sujeto social, es decir, que de ella surgen acciones sociales. No se trata aquí de una oposición a lo objetivo, sino a la virtud que permite actuar. Así como encontramos el sujeto de una acción, por ejemplo Juan en la oración "Juan ayuda a Jaime", así la familia es, o debe ser, el sujeto de acciones que benefician a todos.

La hospitalidad es una de las cualidades de las familias, especialmente en nuestro país, que mejor pone de relieve el sentido social inscrito en su naturaleza. Desgraciadamente la inseguridad corroe esta virtud y obliga a muchos a cerrarse a los demás no por falta de generosidad, sino por temor al abuso y a la violencia. Esto nos lleva a otro terreno donde hoy es necesaria la aportación de las familias, que es el campo de la política.

En efecto, las familias deben cultivar el interés porque las leyes y las autoridades sostengan y protejan los derechos y deberes de la familia. Decía el beato Juan Pablo II que las familias "deben crecer en la conciencia de ser "protagonistas" de la llamada "política familiar", y asumirse la responsabilidad de transformar la sociedad". Esto parecería fuera del alcance de muchos, pero esta impresión la tenemos porque perdemos de vista que la solución de los problemas de un país no se encuentra solamente en las manos de los gobernantes.

Cuando el mal sólo se observa, acaba absorbiendo también a sus observadores. Por ello advertía aquel pontífice que las familias podrían ser "las primeras víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia". Añadía entonces que también la familia debe "superar la ética individualista".

Creo que una de los principales obstáculos sociales a superar hoy en día es precisamente el individualismo que tiende a que cada quien piense solamente en sí mismo, dejando que los problemas hundan a los demás. Por otro lado empeñarse en el bien social no es una empresa fácil, porque las dificultades son muchas y grandes. Con todo, creo que nuestro país guarda todavía en sus familias una inmensa reserva de energía moral para lograrlo.