Visión Social

La cultura

Cada persona posee un conjunto de conocimientos y hábitos que le permiten interactuar con la realidad. Para actuar sobre las cosas y los animales le sirven a cada quien conocimientos sobre el mundo y habilidades técnicas, para relacionarse con sus semejantes le sirven el lenguaje, los gestos, la conciencia de sí mismo, de su lugar en el mundo y el lugar de los demás en la sociedad en la cual vive. Cada ser humano posee un rico y complejo tesoro gracias al cual puede desarrollarse y que denominamos cultura.

La cultura no es un asunto meramente individual. Ciertamente la posee un individuo, pero es imposible que alguien aislado posea una cultura. Cuando dos personas se encuentran no es posible que entren en contacto si no es por un lenguaje. Si dos personas no hablan la misma lengua inmediatamente se advierte que cada uno procede de comunidades humanas diversas y se busca un intérprete. Pero aún cuando dos hablan el mismo lenguaje suele distinguirse el acento, que hace referencia de nuevo a la comunidad de origen, o se descubren otros datos gracias a la forma de vestir, a los temas que aborda en la conversación, a los gustos o a un sinnúmero de características.

Cada quien es cada cual, pero cada quien es lo que es también gracias a la comunidad a la que pertenece. Por eso la cultura suele usarse en sentido individual, cuando se habla de un hombre culto, o también social, cuando se habla de la cultura de un pueblo. En ambos casos se hace referencia al desarrollo humano que, dentro de una grandísima gama de posibilidades, se determina de un modo particular en cada comunidad y en cada persona.

Suele decirse que cada cabeza es un mundo y, efectivamente, cada persona con su propia cultura, por pobre que sea, es como un mundo lleno de fuerza, belleza y misterio. Con mayor razón podría decirse que cada cultura es un mundo si hablamos de los pueblos y comunidades humanas. Tan solo en nuestro país podemos presumir de un gigantesco mosaico cultural que de norte a sur y de oriente a occidente impresiona notablemente a quienquiera lo contemple.

El problema, desde este punto de vista, radica en que en el mundo no todas las personas tienen asegurado el derecho al propio desarrollo cultural que exige la dignidad humana. La amplitud del abanico cultural humano debería hacer resaltar a su vez el derecho de las familias y de los ciudadanos a una escuela libre y abierta, así como el acceso a los medios de comunicación social fuera de los monopolios económicos e ideológicos. Ciertamente ninguna cultura es perfecta y, a más de necesitarse el enriquecimiento que el diálogo inter-cultural puede ofrecer, todas necesitan también reconocer sus límites, purificarse y abrirse a nuevos horizontes de desarrollo humano.

La cuestión cultural conduce a la cuestión educativa, pues el vehículo de la cultura es la educación. Las respuestas a los grandes desafíos de la humanidad están contenidas en la cultura y en las culturas desde las cuales tales desafíos se interpretan. Se podrán aportar respuestas adecuadas solamente cuando las comunidades se hallen en condiciones de educación que les permitan crecer en su propia cultura.