Visión Social

Violencia y legítima defensa


Existen muchos conflictos en el mundo, incluyendo México, que "cuestan" directamente muchas vidas, además de muchas consecuencias sociales a nivel de salud, educación, economía y otros campos.

La violencia suele ser entre los hombres un "medio" para obtener riqueza o poder; sin embargo ella mina de una forma gravísima las verdaderas posibilidades de desarrollo y supone un desconocimiento o un desprecio de la dignidad humana.

Los conflictos violentos varían tanto por su extensión como por sus características particulares. Algunos son conflictos entre individuos o pequeños grupos, otros pertenecen a la categoría de violencia doméstica, otros corresponden a la delincuencia común, o al crimen organizado. Estos últimos pueden adquirir grandes dimensiones y complejidad, como es el caso del narcotráfico.

Aquellos que implican la comisión de algún delito o poseen una repercusión social deben ser afrontados por la autoridad, a la cual le es lícito usar proporcionadamente de la fuerza pública.

Los estados pueden sufrir además la violencia que se deriva de guerras civiles o de guerras contra otros estados. La capacidad destructiva de las armas actuales es de tal magnitud que pueden producir, y de hecho han producido, catástrofes gigantescas para los pueblos afectados por ellas. Por eso se plantea de forma dramática la cuestión de la licitud moral de escoger el camino armado para la resolución, por ejemplo, de las diferencias entre los países.

Ante la violencia cabe la legítima defensa, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica: "La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. 'La acción de defenderse [...] puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor'. 'Nada impide que un solo acto tenga dos efectos, de los que uno sólo es querido, sin embargo el otro está más allá de la intención".

En lo que respecta a los problemas internacionales, mientras no haya una autoridad internacional competente y dotada de una fuerza legítima y suficiente para dirimir los conflictos, debe recordarse que el recurso a la guerra como legítima defensa mediante la fuerza militar exige:

1) que el daño causado por el agresor sea muy grave y duradero, 2) que todos los medios para poner fin a la agresión se hayan agotado, 3) que el éxito sea posible y 4) que no se produzcan mayores males de los que se quiere resolver.

Desgraciadamente muchas veces parece que la lógica de los estados que se encaminan por las soluciones bélicas toma en cuenta tan solo criterios de orden utilitario y pragmático, muchas veces disfrazado de celo por la democracia, o por tales o cuales derechos. Se suele sospechar que en tantos conflictos modernos lo que se juega es más bien el dominio de los materiales y medios de energía, como el petróleo, o el control de los mercados.

Ahora que hemos entrado en el periodo de la cuaresma, conviene que todos pidamos por la paz del mundo, junto con el perdón de nuestros pecados.