Visión Social

Vacaciones y sentido de la vida

La Semana Santa, que culmina en el Domingo de Pascua que acabamos de celebrar ayer, originalmente no nace como un periodo vacacional con fines recreativos. Es explicable que, dado que contiene días feriados, muchos encuentren en ella la oportunidad de distraerse de las obligaciones cotidianas y aprovechen para ir a la playa o a otros lugares de diversión. Sin embargo, los días feriados de la Semana Santa, como por otra parte los domingos de todo el año, poseen una raíz religiosa evidente.

El descanso dominical, la Semana Santa y la Navidad son una muestra importante de la necesidad de sentido de la vida humana incluso a nivel social. El hombre, convencido de la realidad del espíritu y de la divinidad, se siente obligado a apartar un tiempo específico para el culto. El tiempo para Dios lo libera del continuo trabajo e, introduciéndolo en el ámbito de la trascendencia, le permite también encontrarse a sí mismo.

Desde este punto de vista la valoración de la persona humana, que no puede reducirse a ser un simple factor de producción, se ha producido gracias a la dinámica religiosa. Es una pena que hoy en día muchos hayan perdido el sentido de estos lapsos temporales en los que es posible recuperar la conciencia. No considero inmoral que las personas aprovechen el tiempo que les conceden estas celebraciones en una sana diversión y en el descanso. El problema está más bien en lo que falta: el tiempo para darle entrada a lo que nos lleva más allá de la contingencia cotidiana.

Uno de los problemas del hombre contemporáneo es el ser bombardeado por un sinnúmero de estímulos que lo detienen en la superficialidad de tener y del placer sensible, de modo que lo que es propiamente humano no se desarrolla. De ahí parten tantos males sociales. En efecto, una sociedad en la que no existe posibilidad de hablar o pensar en las cosas de fondo, no puede esperar que sus ciudadanos respeten a los demás ni que respeten las vidas o los bienes y los derechos de los otros.

Si la relación entre Dios y el hombre se refleja en la dimensión relacional y social de la naturaleza humana es claro que la importancia de la Semana Santa y de otros periodos semejantes no se encuentra sólo en el hecho del descanso y la diversión. Muchas personas en México, especialmente jóvenes, se organizan en esos días para visitar comunidades con las cuales comparten la dimensión sagrada de la existencia y reciben a su vez el testimonio hospitalario y de virtudes humanas de aquellos a quienes visitan. El fruto de este ejemplo no es puramente religioso, sino un fruto social en orden al bien común.

En otros tiempos hubo quien pensara que el progreso social implicaba la destrucción de la religión. La historia ha hecho ver que la religión no es extirpable de la sociedad humana. Aún si alguno no es creyente, puede comprender la importancia de la dimensión espiritual para el individuo y para la sociedad y descubrir el sentido positivo de esta dimensión. Quienes creemos hemos de sentirnos comprometidos siempre más para poder aportar una luz que ayude a dar sentido a la existencia y así contribuir a la mejor convivencia de todos en la sociedad.