Visión Social

Unidad de la persona

Al abordar ciertos temas de relevancia social, no faltan quienes exaltando la libertad de un individuo, sostengan que no se le deben poner límites, por ejemplo en las ganancias de dinero, porque todo debe girar en torno, precisamente a la libertad individual. Otros, sin embargo, no reconocen a la persona ningún valor de fondo y sostienen tesis en las que finalmente el individuo humano es absorbido por la maquinaria estatal, al grado de no valer más que una pieza de la maquinaria.

Debe aclararse, sin embargo, que el ser humano no es individualidad absoluta, ni tampoco una parte desechable y sin dignidad, que simplemente cubre una función dentro de un sistema. Al contrario, posee un alma espiritual e inmortal que es el principio de unidad y que le hace existir como un todo. La persona, en su unidad de cuerpo y alma es sujeto responsable de sus propios actos.

Porque posee un cuerpo, el hombre contiene en sí mismo los elementos del mundo material que en él alcanza su más alta cima, como decía Juan Pablo II en la "Veritatis splendor". El mundo material no es algo despreciable, como algunas tendencias en la historia del pensamiento han enseñado. El mundo material es el lugar donde el hombre está llamado a realizarse y encontrarse con las demás personas. Por eso hemos de tener por cosa buena nuestro cuerpo, aunque por otro lado sea limitado y sometido a muchas debilidades.

La espiritualidad del ser humano, por otra parte, lo eleva sobre todas las cosas materiales. Cuando el hombre reflexiona sobre sí mismo y sobre su destino, descubre un mundo superior al material y es capaz de reconocer en sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma. Nadie es un simple componente anónimo de la sociedad.

Son por lo tanto dos componentes diversos: por una parte el cuerpo material, ligado al mundo, y por otra parte el alma espiritual, abierta a la trascendencia. El hombre puede descubrir una verdad más profunda gracias a su inteligencia y puede aspirar a bienes mayores gracias a su voluntad. El hombre es un ser responsable, porque en el uso de estas facultades se manifiesta como ser libre, capaz de auto-determinarse.

Los dos elementos en el ser humano constituyen una unidad, porque no es que simplemente un elemento se sume al otro, como si su unidad fuera simplemente extrínseca. La unidad del cuerpo y el alma es tan profunda porque el alma es la que da vida al cuerpo integrándolo como una sola naturaleza y no como dos elementos yuxtapuestos.

Las consideraciones anteriores nos conducen a dejar de lado, como erróneo, el espiritualismo que desprecia la realidad del cuerpo, así como el materialismo, que sostiene que el espíritu es una mera manifestación de la materia. Ni uno ni otro pueden dar razón del ser humano integralmente.

La persona humana tiene la posibilidad de abrirse a los seres naturales y también de ir más allá de ellos en el deseo íntimo de trascendencia que existe en su corazón. Cada uno es único e irrepetible y su perfección humana no puede alcanzarse si se olvida su dimensión corporal o si se olvida su dimensión espiritual, porque ambas son esenciales.