Visión Social

Terrorismo y dignidad humana

Todo el mundo se siente horrorizado ante las acciones terroristas. Es muy triste observar cómo se puede llegar a una ceguera tan grande que un terrorista no es capaz de reconocer la dignidad de quienes, en definitiva, son sus semejantes. Los acontecimientos en Nigeria, secuestro de cientos de niñas y adolescentes, no pueden sino conmover a quienquiera que conserve un mínimo de conciencia.

El terrorismo es una forma de la violencia, es decir, de la fuerza usada para el mal, que se distingue particularmente por su brutalidad. Sus efectos no se reducen a las víctimas directas de la acción física, sino que comportan la perturbación del orden muchas veces a nivel internacional.

El terrorismo actual ha pasado de ser una estrategia subversiva para convertirse en un elemento de oscuras redes de complicidad política que utiliza los medios tecnológicos más avanzados y se vale de recursos a gran escala. Sus ataques se dirigen a personas totalmente inocentes, en los lugares donde se desarrolla la vida cotidiana, sin relación alguna a objetivos militares o a guerras formales.

En efecto, aun en las guerras los seres humanos han tratado de poner límites, existe un derecho internacional humanitario y se deben castigar, al menos eso se esperaría, a quienes cometen crímenes en este ámbito, es decir, a quienes cometen crímenes de guerra.

El terrorismo debe ser condenado sin ambigüedades. De hecho prácticamente todo mundo ha condenado las acciones del secuestro de las niñas y adolescentes nigerianas. Los grandes líderes musulmanes han expresado claramente su condena a estos hechos, cuyos autores pretenden apoyar en las enseñanzas de esta religión.

Es muy importante llegar a la identificación de los culpables de estos crímenes para no extender injustamente la responsabilidad de los mismos a las religiones, a las naciones o a las razas a las que pertenecen. En este ámbito, como en otros muchos, es necesaria la colaboración internacional para afrontar el problema y encontrar soluciones.

Debe añadirse que es imprescindible también el estudio y la profundización de las causas y motivos subyacentes a los ataques terroristas, y por lo mismo, un serio compromiso político y pedagógico para que sus raíces desaparezcan.

La absoluta condena del terrorismo se debe apoyar en que el ser humano, hombre, mujer, niño, anciano, o de cualquier condición, jamás puede ser considerado un medio para obtener ningún fin, por muy elevado que pudiera parecer. El ser humano siempre es fin y nunca medio. El desprecio diabólico de la vida humana presente en los actos terroristas es una ofensa a toda la humanidad.

La sociedad tiene derecho a defenderse y a usar la fuerza en el respeto de los principios morales y del Estado de Derecho. Tiene también la obligación de atender sus causas, para evitar su proliferación, que me parece ante todo un compromiso en el campo de la justicia y en el educativo.

Quienes somos creyentes pedimos a Dios que pronto estas niñas y adolescentes puedan volver con sus familiares y seres queridos: #Bring back our girls.