Visión Social

Sociedad y religión

Las noticias nos han hablado de un adolescente en misión suicida que logró escapar del ISIS mientras portaba una bomba destinada a una mezquita en Bagdad. Este hecho centra de nuevo la atención de muchos sobre el grave problema en aquella región, ya que son impresionantes los niveles de violencia y de insensibilidad ante la violación de los derechos humanos que se observan en aquel conflicto.

Las religiones ocupan, sin duda, un lugar esencial en la vida humana y, aunque son de gran importancia para el desarrollo integral de la persona y sociedad puesto que deberían suponer una filosofía que reconociera la capacidad de entender y amar del hombre, así como su posibilidad y necesidad de relacionarse, no todas ellas o sus variantes lo hacen. Así, en vez de promover la fraternidad y la paz, frenan el desarrollo humano.

El desarrollo necesita de las religiones, pero es indudable que también se impone la necesidad de discernir. Como hacía notar Benedicto XVI en su encíclica "Caritas in Veritate": "La libertad religiosa no significa indiferentismo religioso y no comporta que todas las religiones sean iguales". No se puede pasar de modo simplista de la afirmación de la igual dignidad de las personas y de la común dimensión religiosa a la equiparación de las religiones como si fuesen lo mismo.

Si ya las variantes del cristianismo son conscientes de las propias diferencias (son distintos católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos, etc.), no se diga entre otras religiones. Así, existen varias ramas entre los budistas (pudiendo discutirse si el budismo es una religión en el sentido que solemos entender el término), hinduistas y otros. Los musulmanes sunitas no son lo mismo que los chiítas.

Enseñaba Benedicto XVI que el discernimiento sobre la contribución de las religiones es necesario para el bien común, sobre todo para quien ejerce el poder político, y que éste "deberá basarse en el criterio de la caridad y de la verdad". El criterio significa que una religión socialmente valiosa será la que, descubriendo la dignidad de todos, tenga la capacidad de orientarse hacia la paz y colaboración en la consecución del bien común.

Los excesos de los fundamentalistas pueden dar ocasión, como reacción, al exceso contrario, según el cual la religión, y Dios, no deberían tener lugar en la vida pública. Se trataría de oponer al fundamentalismo religioso un laicismo fundamentalista que no puede ser aceptable y que en la historia también ha conducido a persecuciones sangrientas. Desgraciadamente los seres humanos muchas veces nos hemos ido a extremos alejados de la sensatez y la verdad.

Los hechos violentos cometados son sin duda deplorables y en el fondo atacan paradójicamente las bases mismas de la religión, pero nos deben hacer pensar en el empeño que tenemos que poner en nuestro tiempo para lograr una sociedad justa y razonable donde las religiones contribuyan al desarrollo en el respeto de la libertad religiosa de todos.