Visión Social

Sociabilidad y paz

La convivencia humana no se logra simplemente por agrupar un cierto número de individuos. Las personas necesitan satisfacer sus necesidades, las básicas y otras, y para ello tienen que comunicarse, establecer relaciones, distribuirse el trabajo y la responsabilidad, buscar un fin en conjunto, una meta común.

El ser humano como ser social no es asimilable ni siquiera a las "sociedades" animales, así sean hormigas o primates, aunque se puedan sin duda encontrar analogías. La comunicación humana potenciada por el lenguaje articulado es una manifestación del nivel y de la dignidad propia del hombre.

Reflexionar sobre las cuestiones sociales no es simplemente elaborar sistemas que podrían quedar en la mente de alguien, como teorías e hipótesis falsas o improbables. Se trata más bien de encontrar las causas de los fenómenos para poder comprenderlos y para poder actuar mejor.

Se trata sobre todo de descubrir los caminos que conduzcan al desarrollo auténtico y a la perfección posible individual y colectiva, que se llama bien común.

Esta reflexión con sentido práctico tiene que reconocer la dignidad de la persona que va más allá de lo puramente biológico, psicológico y social y la establece en un nivel propiamente espiritual, con responsabilidades morales, que son el fundamento de la justicia y el derecho.

La persona es única e irrepetible, sujeta de derechos y deberes que, en cierto modo, se extienden social y políticamente hasta la comunidad internacional.

Lo que una generación descubre y vive, a nivel propiamente humano, más allá de lo meramente técnico, debe ser redescubierto por las sucesivas generaciones, porque todas viven el riesgo de olvidar lo fundamental y de perderse atraídas por bienes aparentes que finalmente se revelan como males y producen situaciones deplorables, de muerte y de guerra.

La reflexión social debe redescubrir cuál es el destino de los bienes que están a la disposición de la humanidad y debe reencontrar el significado de una solidaridad que se realice de modo cotidiano y consistente. Tiene que reproponer la importancia de la participación, que no se reduce a ir a votar el día de las elecciones.

La libertad y la justicia tienen que vivirse en medio de los retos de la actualidad y, por ello, tienen que encontrarse caminos ante los nuevos problemas. Estos caminos deben ser creativos e innovadores, por un lado, pero jamás deben dejar de lado la verdad, sacrificándola en aras de la conveniencia o del fácil consenso.

La familia, el matrimonio, el trabajo, la economía, la comunicación, la cultura, la comunidad política, la democracia, el Estado, la comunidad internacional, el medio ambiente y muchas otras realidades pueden debilitarse y corromperse, pero pueden también fortalecerse y desarrollarse. Es tarea de todos pensar y proponer para que pueda existir paz y desarrollo auténtico.