Visión Social

El Sexto Mandamiento

La estructuración de la sociedad sobre la base de la familia conduce a la consideración de la fundación misma de la familia en el matrimonio. En efecto, un hombre y una mujer así unidos forman con sus hijos una familia, lo cual indica que esta específica relación entre el hombre y la mujer es un elemento crucial también a nivel social.

El matrimonio entonces es una institución importante no solo para los esposos, sino para toda la sociedad. Al mismo tiempo comporta también una dimensión privada, íntima, de la relación entre los esposos, que natural y justamente se aparta de las miradas de los demás sobre todo en el acto conyugal. Se puede descubrir en esto que la dimensión sexual se articula a través del matrimonio y la familia con la sociedad.

El sexto mandamiento en su formulación básica establece "no cometerás adulterio", lo que implica que al menos una de las personas implicadas en un acto adúltero es casada. Así, resulta claro que con este mandamiento se busca proteger una relación humana fundamental en el marco del matrimonio. La profundización sobre el tema llevará a formulaciones más amplias y válidas, pero que se haya formulado de este modo permite fijar la atención en la cadena sexo-matrimonio-familia-sociedad.

Los instintos e impulsos animales presentes en el hombre tienen necesidad de ser encausados. No son estos los que deben dirigir la vida, puesto que el hombre no es sólo animal, sino racional y social. "No cometerás adulterio" significa fijar el límite necesario para poder dar sentido a uno de dichos elementos, integrándolo en la corriente propiamente humana del amor, de la donación y del bien común. El paso de "no cometerás adulterio" a "no fornicarás" es la lógica extensión del principio subyacente en la primera fórmula.

La Iglesia Católica enseña que "la sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro". Como en muchos otros puntos, lo que contiene este párrafo es una propuesta antropológica, no tanto un misterio revelado.

Los actos contrarios a este mandamiento parecieran ser, por otra parte, bastante comunes, lo cual induce a pensar a algunos si no sería mejor eliminarlo del catálogo. Sin embargo el mandamiento no pide una conducta imposible y la cuestión de fondo no depende de la facilidad. Sobre todo indica el camino en el que naturalmente se tiene que avanzar, o un proceso en el que se tiene que crecer.

La expresión negativa del mandamiento no debe hacer que se pierda de vista el sentido positivo de lo que busca promover y proteger. Cito el Catecismo: "Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos".