Visión Social

Resurrección y sociedad

La fuerza de expansión del cristianismo desde sus orígenes, radica básicamente en la convicción de los cristianos de que Cristo resucitó. La importancia del tema la había notado el Procurador romano Festo, cuando hablando de san Pablo, que estaba prisionero y a quien acusaban los sumos sacerdotes y ancianos de los judíos, decía: "Los acusadores comparecieron ante el Tribunal, pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes que yo sospechaba; solamente tenían contra él unas discusiones de su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive".

Los seguidores de Jesús se sintieron impulsados a predicar la Buena Nueva, el Evangelio, como una misión recibida del mismo Jesús, que después de haber sido crucificado había resucitado y se había manifestado a las mujeres, a los apóstoles y a otros discípulos. Ciertamente existieron al inicio muchos otros factores que permitieron el crecimiento y la multiplicación de las comunidades cristianas, pero desde entonces la convicción central es la misma que se mantiene hasta las misiones cristianas de nuestros días.

La relevancia de esto atañe no solamente a los cristianos, que proclamamos nuestra fe en la resurrección del Señor, sino también a los no creyentes, porque la huella de la fe se encuentra de diversas maneras en la historia y en la actualidad. Los testimonios artísticos y culturales del cristianismo y su influjo en la vida de los pueblos son patentes. Ciertamente entre los cristianos ha habido, y sigue habiendo, quien no es coherente y que, alejándose de los verdaderos principios, ha dado un contra-testimonio; pero el peso de la vida y las obras de los grandes hombres de fe y de tantos que anónimamente buscan cumplir el mandamiento de amar al prójimo, sigue siendo notable.

Las instituciones cristianas de beneficencia y servicio en el sector de la salud y de la educación en el mundo de hoy son innumerables, pensando no solamente en las católicas, sino en las de otras denominaciones cristianas. En el campo social la preocupación por los pobres y necesidad de la justicia hunden sus raíces en el Antiguo Testamento, que los cristianos consideramos cumplido y asumido en Jesucristo.

Así, la presencia cristiana en el mundo debe ser un testimonio de la resurrección del salvador para quien quiera creer y una propuesta de amistad y trabajo conjunto por un mundo mejor para quien no lo quiera. El sentido de la tolerancia, que los seres humanos perdemos con frecuencia, seamos cristianos o no, se encuentra en el fondo de lo mismo que creemos, porque Cristo no resucitó para vengarse de quienes lo habían conducido a la muerte, sino para donar el Espíritu Santo a sus discípulos, de modo que diesen testimonio del amor de Dios, incluso con su vida.

Por otra parte, el cristiano motivado por la resurrección de Jesús espera la propia resurrección y la de los demás. Esta esperanza no es una alienación que lo aleje de las preocupaciones temporales, porque sabe que es a través de ellas como se puede ganar la vida. La resurrección significa para quienes creemos la garantía de que al fin y al cabo el bien y la justicia prevalecerán y que tenemos que trabajar arduamente por ello, ya desde ahora.