Visión Social

Responsabilidad y reformas


Es indudable que la sociedad y sus estructuras influyen grandemente en la vida de las personas. Las leyes y costumbres de un pueblo, como su cultura y su lenguaje, marcan a cada uno de los individuos que lo componen.

Al mismo tiempo, debe reconocerse que cada individuo maduro posee una propia capacidad de auto-determinación en el ambiente donde ha crecido y se ha desarrollado, de modo que sus actos son precisamente suyos y de ellos debe dar cuenta, en primer término ante su conciencia y en último término ante Dios (Si alguno es ateo, al menos concederá que hay que rendir cuentas a la propia conciencia).

Estos principios nos permiten comprender mejor la cuestión de las reformas que pueden hacerse en una sociedad. Es verdad que a veces se necesitan reformas a nivel estructural, por decir así, para que las cosas mejoren. Pero a veces no hay necesidad de ellas, sino que el problema está en las personas que ocupan las estructuras, y en este caso lo que tiene que cambiar son las personas. En otras ocasiones hay que cambiar ambas cosas y en otras ninguna de las dos.

Me vienen a la mente dos ejemplos de reformas de las que se ha hablado últimamente: las reformas educativa y energética en México y la reforma de la Curia Romana, en el Vaticano. Obviamente no es que las vaya a analizar en este artículo, sino que las menciono porque son un ejemplo que nos puede servir para entender el juego de cambios entre estructuras y personas.

Se decía, cuando estaba todavía el Papa Benedicto XVI, que los graves problemas y los escándalos como los "vatileaks" exigían una reforma urgente de la Curia Romana (es decir, de la estructura que ayuda al Pontífice en el gobierno de la Iglesia, algo análogo al gabinete del presidente).

En México, por otra parte, se hablaba de la necesidad de las arriba mencionadas reformas para que el país pudiera verdaderamente alcanzar un nivel digno de vida para todos.

En ambos casos hay que decir que no basta decir que hay problemas para pasar a la simple conclusión "hay que llevar a cabo reformas estructurales". Me explico, si un prefecto de una Congregación de la Santa Sede, en el caso de la Iglesia, o un Secretario, en el caso del Estado Mexicano, se "porta mal", da lo mismo que cambien las leyes, porque no se aplicarán correctamente mientras el sujeto responsable de aplicarlas no cambia él mismo.

La situación inversa también es interesante. Si en un puesto de responsabilidad hay una persona honesta y capaz, pero las leyes y estructuras le impiden trabajar correctamente, de nada sirve que lo cambien, porque quien sea que lo sustituya se encontrará condicionado por las estructuras que hay que reformar.

Necesitamos ir más allá de la afirmación simplista en favor o en contra de las reformas, mirándolas como si las estructuras existieran sin la base ontológica de las personas que conforma la sociedad.

Como quiera que sea, siempre el primer paso está en cambiar lo necesario a nivel de convicciones personales internas, para así sostener los cambios que haya que realizar externamente. Este es el verdadero reto.