Visión Social

Raíz de la violencia

La violencia es un problema que ensombrece al mundo y a nuestro país, sobre todo cuando llega a extremos asesinos. Desde el punto de vista de los medios algunos hechos "son más noticia" que otros, ya sea por el impacto de los hechos, como el caso de los jóvenes de Ayotzinapa, ya sea por el lugar o labor social que realizaban, como el caso del padre Gregorio López Gorostieta.

Muchas otras pasan hasta cierto punto desapercibidas, pero eso no puede quitar que a cada una se debía respeto y que ninguna persona es insignificante. Así, cada asesinato es como un grito que revela una terrible incapacidad de percibir al otro como prójimo y como humano.

Ante la violencia, existe un derecho a defenderse, tanto a nivel social como individual y por ello toda comunidad políticamente organizada cuenta con leyes y sistemas para afrontar la delincuencia y las mismas leyes reconocen la legítima defensa. Sin embargo, más allá de esto, nos deberíamos preguntar por las raíces de donde la violencia surge, porque si hemos llegado a una situación crítica, no podemos pensar que la causa del problema sea que las leyes son defectuosas o que la policía no está capacitada, u otras semejantes.

El origen del comportamiento violento puede ser visto desde diversas perspectivas. Un enfoque sociológico ayudaría a comprender los mecanismos sociales que favorecen un clima de violencia y un enfoque psicológico nos ayudaría a comprender las condiciones y elementos que llevan a alguien a realizar actos violentos. Pero aún esos análisis, que sin duda conviene hacer, se revelarían insuficientes.

En efecto, ni la sociología ni la psicología, en cuanto ciencias experimentales, podrían proponer qué es lo bueno que hay que hacer o lo malo que hay que evitar. Si en esto estuviera la solución bastaría que se estudiara el problema y se difundieran los resultados para mostrar cómo es el comportamiento humano. Pero no es así porque no estamos ante el comportamiento de algún animal muy interesante.

Estas cosas nos ponen delante de una cuestión que no depende de la ciencia moderna, de la que no ha salido la respuesta que hoy se necesita. En realidad la ciencia no tiene que responder, porque la cuestión es anterior y la respuesta rebasa la ciencia entendida en sentido moderno: es la cuestión del bien y del mal. Qué se debe o qué no se debe hacer es una pregunta válida ya sea para un científico, ya sea para un hombre ignorante.

Quizá el problema radica en que desde hace años el asunto no se puede plantear porque se ha relegado la moral a una cosa meramente privada. Tú tienes tu moral, yo tengo la mía, cada quien como mejor le parezca. Socialmente el último argumento que queda es la ley, interpretada al modo positivista, de modo que se presenta sin relación efectiva a la intimidad personal de la conciencia. Tarde o temprano la sociedad se derrumba.

¿Por qué respetar la vida? ¿Solamente porque hay una ley externa que me lo prohíbe? Pero si hoy ya existen leyes que permiten matar inocentes: ¿Por qué no se me permite matar a otros menos inocentes? ¿O por qué no he de poder matar con tal de que escape a la ley si ella es la última razón? En el fondo la cuestión es moral y los hechos nos hacen ver la urgencia de dar una respuesta.