Visión Social

Mayores en edad, saber y gobierno

El cuarto mandamiento reza: "Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar". En la Sagrada Escritura viene con una promesa de vida para quien lo cumpla. Después de haber hablado de aquello que se refiere al honor de Dios, el texto pasa a considerar lo que atañe al "provecho del prójimo". Podemos decir que aquí se puede enganchar toda la cuestión social, en cuanto que se refiere a la primera comunidad natural para el ser humano, que es la familia.

La interpretación del mandamiento lleva más allá de las relaciones entre padres e hijos. Ya se decía cuando de niños aprendíamos en catecismo: "− ¿Quienes son tenidos por padres además de los naturales? −Los mayores en edad, saber y gobierno". De hecho en la explicación actual del Catecismo de la Iglesia Católica también se ve en mandamiento una expresión sintética de los deberes incluso relativos a la autoridad civil.

La relación entre padres e hijos es, por así decir, la más común, pero la sustancia de la norma moral comprende también otras relaciones análogas. Se pueden encontrar en ellas las relaciones de parentesco con otros miembros de la familia, como los abuelos y antepasados, a quienes igualmente se les debe respeto, pero también se pueden encontrar las relaciones de los alumnos con los maestros, de los empleados con los patronos, los ciudadanos y sus gobernantes.

La formulación del mandamiento correría el riesgo de ser de alguna forma unilateral si no se mira la otra cara de la moneda. Si los hijos deben respetar a su padre y a su madre, resulta también que el padre y la madre son sujetos de una muy seria obligación. Lo mismo que ha de decirse entonces de la grave responsabilidad de los padres ha de sostenerse de los maestros, jefes, patrones y gobernantes.

Quienquiera que ejerza una autoridad sobre otros o sobre una comunidad de personas tiene que responder ante todo delante de Dios y de su conciencia, pues aquellos que le deben un especial respeto son personas de su misma dignidad. Nadie puede "estar" sobre las personas dada la igualdad fundamental entre todas ellas si no es porque la necesidad social lo exige para el beneficio de todos. Por ello quien tiene autoridad la tiene recibida, no es suya.

La descomposición de la familia y la sociedad se encuentra sobre todo en el debilitamiento moral de quienes tienen la obligación del servicio y que por lo mismo han recibido una autoridad, así como de quienes no son capaces de respetarla. Una familia donde el padre abusa de la madre y ésta de sus hijos producirá hijos que difícilmente respetarán a sus padres. Lo mismo se diga de la sociedad política y de los ciudadanos.

Por otra parte, ha de notarse que este mandamiento es "positivo", es decir, no prohíbe, sino que establece cómo ha de ser el comportamiento. Si hemos delineado algunas de las malas consecuencias derivadas de no seguirlo, conviene sobre todo subrayar los bienes que vendrían si lo pusiéramos socialmente en práctica. En efecto, el que añada una "recompensa" para quien lo guarde indica, según el Catecismo, que "la observancia de este mandamiento procura, con los frutos espirituales, frutos temporales de paz y de prosperidad".