Visión Social

Lenguaje y descalificación

No sólo pasar por los controles de los aeropuertos se ha convertido para los viajeros en una prueba de paciencia, pues también en muchas líneas de autobuses hay que someterse a controles para antes de abordar para viajar a otra ciudad. El temor, ya al terrorismo como tal ya al crimen en general, ha provocado que se tengan que implementar medidas para incrementar, en lo posible, la seguridad de todos.

Centrando la atención por ahora en la violencia que busca justificarse por medio de argumentos políticos, económicos, religiosos, nacionalistas o similares, podemos usar el término "extremista" para designar a quienes usan o propugnan tal tipo de violencia. Se usa este término para referirnos a quien, sosteniendo una postura determinada sobre algún punto, considera que para hacerla vigente todo es permitido. Extremismo significa adoptar ideas extremas que justificarían el uso de cualquier medio, incluso la muerte de personas inocentes.

Algunos aprovechan de las circunstancias y suelen calificar de extremistas a quienes no lo son de ninguna manera. Pongamos por ejemplo un político que tiene un adversario que sostiene una determinada idea de "derecha" o de "izquierda" respecto a la propia, y recurre a su descalificación acusándolo de extremista, o de "ultra" tal o cual cosa. Con actitudes de este tipo se generan mayores tensiones y odios, se cierran posibilidades de diálogo y, paradójicamente, se favorece el verdadero extremismo. Sacan ventaja de una disposición anímica de la gente, el temor del ambiente, abusando del efecto de ciertas palabras.

Tampoco es justo tachar de extremista a una persona con convicciones, porque un extremista no tiene confianza en la fuerza intrínseca de la verdad y no busca convencer, sino solamente imponer sus ideas por la fuerza o eliminar a todo aquel que se le oponga. Una persona con convicciones las propone, incluso con humildad, porque sabe que es la verdad la que hace libres a las personas.

En el ambiente de temor que se vive actualmente en el mundo no conviene simplificar los problemas, porque de ese modo no se resuelven y se corre el grave riesgo de agravarlos todavía más. La palabra hay que usarla para aquello a que se refiere. Así, ciertamente el terrorismo es por definición extremista, y el siglo pasado vivimos la experiencia del extremismo ideológico en aras del cual se sacrificaron millones de vidas, y no en las guerras sino en actos propiamente criminales de diversos signos.

Descalificar añadiendo a placer adjetivos es una forma fácil, pero inmoral, de presentar a quien sea. No es que no se puedan usar los adjetivos, sino que lo que justifica su uso son los hechos. Si quiero mostrar que alguien es ladrón no puedo empezar calificándolo de tal; todo caso esa sería una conclusión.

Las exigencias éticas de algunas profesiones llevan a poner mucha atención al hablar de los temas socialmente difíciles, donde se hallan partidos, personas y posturas diversas e incluso opuestas. En particular los comunicadores encuentran aquí un reto que, al mismo tiempo, es oportunidad de crecimiento.