Visión Social

Independencia hoy

Desde 1821 México es un país independiente, aunque el movimiento para conseguirlo haya comenzado en 1810. Convendría preguntarnos qué significa la independencia en nuestro actual mundo globalizado. Independencia de un estado significa básicamente que posee su propio gobierno sobre el cual no se encuentra otro gobierno más alto.

La independencia en este sentido no equivale a independencia absoluta, es decir, no significa que un estado sea absolutamente inmune a condicionamientos externos. Esto es imposible ya que, sobre todo en nuestros tiempos, las relaciones de unos estados con otros, de sus pueblos y de sus instituciones comerciales, políticas y culturales son inmensas e importantes, tanto que, sin duda, influyen notablemente en las decisiones de unos y otros.

Sucede con la independencia de los estados como con las personas que se consideran libres sin que esto implique que no reciban influencias de parte de las demás personas. Ciertamente, el abuso de unos puede llegar a dañar la libertad de otros, incluso gravemente. De manera análoga sucede a nivel de los estados, donde también puede haber abusos de parte de unos en perjuicio de la independencia de otros.

La independencia está en relación con la libertad, pero la libertad se dice propiamente de las personas. Si se habla de libertad de un estado, de un pueblo o de un país se hace de forma analógica, porque las decisiones siempre son de las personas o de alguna persona. Las decisiones a nivel de las comunidades políticas, sobre todo en un régimen democrático, suelen ser fruto de procesos de cierta complejidad en los que todos los ciudadanos debían poder participar de alguna manera.

Muchos son los factores externos que lógicamente afectan a México. Un buen número de ellos son fruto de la normal interrelación que se da entre los diferentes países. Otros son producto de actores cuyos intereses pueden ser parciales o marcados ideológicamente. El reto es que el país sea capaz de decidir por sí mismo.

La cuestión capital se propone en el plano moral, porque las decisiones más importantes no son puramente técnicas, sino que tienen que ver directamente con el bien común, que es mucho más que la acumulación de bienes materiales. Precisamente, el reto principal de un estado independiente es que sus metas y sus caminos sean determinados responsablemente de acuerdo a su realidad e identidad cultural, por compleja que sea, en función de la paz y del desarrollo.

Desde cierto punto de vista la independencia debe alcanzarse día a día y es una responsabilidad compartida por todos. Si a veces nos sentimos superados por los factores externos, sobre todo económicos, cuando vemos por ejemplo que los problemas de un país asiático se resienten también en nuestra economía, no hemos de olvidar que también lo que seamos capaces de construir en nuestro ámbito, aunque sea pequeño, es un modo de colaborar e influir positivamente en la mejora de nuestro mundo.

Independencia no significa, por sí sola, felicidad. Podría incluso debatirse si la independencia es una condición necesaria para todos los pueblos en orden a alcanzar el propio desarrollo, como de hecho lo debaten todavía en algunos países. El caso es que independencia implica responsabilidad, no solamente de los gobernantes, sino de todos los ciudadanos.