Visión Social

Familia y Educación

La comunidad conyugal fundada con el matrimonio es el ámbito donde el hombre y la mujer son llamados a donarse recíprocamente y es el inicio de la familia, que es la célula básica de la sociedad. En ella los padres, que han transmitido la vida a sus hijos, se siente impulsados y moralmente se encuentran obligados, a proporcionar a sus hijos, mientras no puedan valerse por sí mismos, no sólo casa, vestido y sustento, sino la educación que les permita salir adelante en la vida.

La educación de los hijos es así un deber y un derecho de los padres y normalmente son ellos quienes ponen las bases más importantes del desarrollo de la persona. Su falta difícilmente puede suplirse, porque toca las relaciones primeras y fundamentales de la vida, por lo que se dice que este es primordial. La naturaleza misma de la relación padres-hijos hace que las responsabilidades educativas sean también inalienables, es decir, no pueden pasarse a otros, ni otros pueden adueñarse de ella, a no ser por una causa muy grave. Popularmente esta verdad está detrás de aquello de que "la educación se mama".

La comunidad política guarda a su vez relación con la familia, y debe respetarla, ayudarla y asegurar a todos la libertad de fundar una, de procrear y educar a los hijos según las propias convicciones. Debe proteger la estabilidad del matrimonio y dar libertad para la transmisión también de la religión. Debe proteger el acceso a la propiedad de los bienes necesarios para la familia y el poder tener un trabajo, una vivienda, seguridad y salud.

Si el reto principal en nuestro país es precisamente el de crear condiciones adecuadas para las personas y sus familias y lograr derrotar el crimen, organizado o no, la corrupción, la pobreza y muchas llagas sociales, ¿Cómo puede pretenderse esto si se lesiona la familia y se le quita del lugar especial que merece?

El Catecismo de la Iglesia Católica señala un punto importante en su número 2212, hablando del cuarto mandamiento: "El cuarto mandamiento ilumina las demás relaciones en la sociedad. En nuestros hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra patria; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana, un hijo o una hija del que quiere ser llamado "Padre nuestro". Así, nuestras relaciones con el prójimo se deben reconocer como pertenecientes al orden personal. El prójimo no es un "individuo" de la colectividad humana; es "alguien" que por sus orígenes, siempre "próximos" por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares."

El contenido de este párrafo no debe hacer pensar sólo a los creyentes. Se esta apuntando a un asunto clave aparte de las referencias religiosas como tales. Quien cree se da cuenta de la profundidad teológica que pueden adquirir nuestras relaciones sociales, pero quien no cree puede captar también la dimensión humana y social de las relaciones familiares con las que se vincula el cuarto mandamiento. Promover el bien de la familia no es asunto de religión católica, sino de supervivencia humana.