Visión Social

Evangelio para políticos

El Evangelio, es decir, la buena nueva anunciada por Jesucristo, no es un programa político. La propuesta del Salvador miraba más bien a la conversión interior a causa del Reino de Dios, el cual no se puede identificar con ningún reino temporal, o con algún tipo específico de estado o régimen político, como diríamos hoy. Sin embargo, ya que tal propuesta toca esencialmente las relaciones con Dios y con el prójimo, contiene elementos que, quienes somos cristianos, hemos de tomar como luz que ilumina también la esfera de lo político.

¿Cuáles son esos elementos? ¿Qué textos de los evangelios y del Nuevo Testamento encontramos para este tema? El asunto es de interés incluso para los no cristianos, porque su conocimiento les permitiría conocer cuál es la raíz de la actitud cristiana y la aportación que los creyentes pueden dar a la sociedad.

En el evangelio según san Marcos (10, 42-45) Jesús habla del servicio, criticando a los "jefes de las naciones" porque actúan tiránicamente y exhortando en cambio a quien quiera ser el más importante a hacerse servidor de todos.

Muy conocido es el pasaje en que Jesús habla del tributo que se debe al César, cuando dice "den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", donde se ve la obligación moral de respetar el orden temporal y por ello incluso de pagar los impuestos, reconociendo al mismo tiempo que lo más importante del ser humano pertenece a Dios (Mt 22, 15-22; Mc12, 13-17; Lc20, 20-26).

El evangelio de san Juan por su parte nos transmite la respuesta de Jesús a Pilato en la que hace ver que el fundamento profundo de toda potestad es la providencia divina, diciendo "ningún poder tendrías sobre mi si no te hubiera sido dado de lo alto" (Jn 19, 11).

Tanto san Pedro como san Pablo exhortaron a los primeros cristianos a respetar a las autoridades constituidas. San Pedro en su primera carta (2, 13-17), enseña que hay que hacerlo "por el Señor" y que los que gobiernan están puestos para reprimir a los delincuentes y animar a los que obran bien. En su carta a los Romanos (13, 1-8) san Pablo toca el mismo tema, recordando el sentido ético cristiano del respeto a las autoridades constituidas: "Cada uno en esta vida debe someterse a las autoridades. Pues no hay autoridad que no venga de Dios, y los cargos públicos existen por voluntad de Dios. Así, pues, hay que obedecer, pero no solamente por miedo al castigo, sino por deber de conciencia".

El libro del Apocalipsis muestra otro aspecto de la actitud cristiana ante los poderes temporales, pues se escribió en tiempos de persecución cuando dichos poderes sobrepasaban sus propios límites e iban más allá de sus atribuciones. Por medio de símbolos se nos propone que quienes abusan del poder finalmente habrán de someterse a Dios y a su justicia.

El Evangelio nos encamina, pues, a una valoración del poder político que debía concebirse como servicio, al reconocimiento en conciencia de la autoridad y de los deberes cívicos y a la no absolutización del Estado.