Visión Social

Ética y espectro político

Antes de hablar del espectro político convendría fijarnos en otras realidades con las que todos los días entramos en contacto, como los colores. Son importes para muchas decisiones básicas, como aceptar o rechazar fruta u otro alimento, pero sería insuficiente reducirlos a blanco y negro, pues existe una gran gama de ellos.

Ni siquiera es posible representarlos en un plano bidimensional, puesto que se componen de tres básicos cuyas combinaciones producen los demás. Si nos quedáramos sólo con rojo y verde, nos faltarían todos los que resultan de las combinaciones con el azul.

Muchas cosas de la realidad circundante y de nuestra vida suelen ser complejas y es imposible clasificarlas en un esquema bipolar. Esto es notable en las cuestiones sociales, políticas y económicas, por mencionar estos campos. A los hombres nos hace falta clasificar para tratar de entender y es natural que, a costa de simplificar, se usen ciertas clasificaciones que son insuficientes.

En lo que respecta a la política, suele decirse que alguien es de derecha o de izquierda. Si esto se usa en un contexto preciso puede ser útil, pero también es fuente de confusiones. Una regla básica de la lógica es que una división debe hacerse siempre desde el mismo punto de vista, pero si decimos derecha o izquierda podemos referirnos a posturas sobre el papel del Estado en la economía, por mencionar un aspecto, o a la conservación o cambio de una determinada situación. Así, los que desde una perspectiva son de izquierda, desde otra son de derecha.

Otra confusión se deriva de que quien usa los términos puede buscar también un efecto político para atacar al adversario. Así, uno de izquierda podría atacar a sus adversarios tildándolos como de "extrema derecha", aunque en realidad se encuentren simplemente a su derecha. De la misma manera podría uno de derecha decir que tales o cuales son de "extrema izquierda" por razones similares.

Una propuesta ética en el campo político no puede basarse en espectros políticos simplificados, sino en elementos que, más allá de una fácil clasificación, permitan el diálogo de los actores apoyados en la convicción de que es posible el conocimiento humano y el acuerdo entre las personas en relación a referencias extra-subjetivas. Los principios éticos deberían ser luces con las cuales se iluminen las propuestas por fuerza variadas y múltiples de los actores políticos.

No deja de ser interesante observar que se clasifica a los papas con ciertos criterios del espectro político. Para muchos Juan Pablo II y Benedicto XVI han sido de derecha y conservadores, con todo y que en lo social sus posturas a otros les parecían tremendamente revolucionarias. Ahora dicen otros que el Papa Francisco es de izquierda. Si dejamos, en cambio, la superficie de las cosas, podremos observar que tanto unos como el otro busca sobre todo señalar principios que, en definitiva no son de derecha ni de izquierda, son simplemente humanos.