Visión Social

Esclavitudes contemporáneas

El pasado primero de enero, como todos los años desde 1968, el Sumo Pontífice publica un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. Este año el Papa Francisco ha escogido el tema "No esclavos sino hermanos" y comienza recordando lo que san Pablo le había escrito a Filemón, un amigo suyo, acerca de Onésimo, que había sido esclavo de Filemón: "Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido".

La propuesta es precisamente la de cambiar la raíz de la esclavitud, que no deja percibir la dignidad del otro y en vez de considerarlo hermano, lo considera inferior, como una cosa, y por lo mismo posible de ser usado e, incluso, esclavizado. En su mensaje el Papa hace ver que "la Buena Nueva de Jesucristo, por la que Dios hace nuevas todas las cosas también es capaz de redimir las relaciones entre los hombres, incluida aquella entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en común: la filiación adoptiva y el vínculo de fraternidad en Cristo".

El Papa se lamenta de que aunque se han adoptado acuerdos internacionales para acabar con la esclavitud, "todavía hay millones de personas -niños, hombres y mujeres de todas las edades- privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud". Esta situación a la que se refiere el Pontífice quizá pueda no ser percibida por muchos, pero es un gravísimo problema que no puede pasarse por alto.

El Papa hace mención en primer término del trabajo y menciona a los trabajadores y trabajadoras oprimidos en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores.

Son recordados en el mensaje los emigrantes con hambre, sin libertad, despojados y objeto de abusos. Aquí recuerda a quienes llegados a su destino son detenidos en condiciones inhumanas. Asimismo habla de los que se ven obligados a la clandestinidad aquellos que tienen que vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, "sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador".

El Papa Francisco hace notar también el caso de "las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse (...)". Piensa el Papa en los niños y adultos "víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad (...)". Asimismo recuerda a "los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados".

Mencionar los gravísimos problemas, que no están lejos de nosotros, no basta. Sobre el qué hacer comentaremos la próxima semana.