Visión Social

Educación política

A veces se dice de alguien que es un "maleducado" para referirse a quien es descortés o trata mal a otras personas, faltándoles al respeto en alguna medida. Pero la educación política va más allá de la cortesía y un político educado no es simplemente el que posee buenas maneras exteriores, porque hasta un tirano que abusa del poder puede poseerlas.

Habría que decir que todos los ciudadanos debían tener una educación política, no sólo los políticos "profesionales". Sobre todo en una democracia, donde se presupone que todos son políticos en cuanto participan de alguna manera en las decisiones y acciones políticas Así, la educación política se vuelve una exigencia moral.

En las escuelas había una materia llamada "civismo", donde se procuraba crear cierta conciencia de los deberes y derechos de los ciudadanos, que muchos jóvenes estudiantes solían considerar una materia de "relleno", es decir, sin importancia. Aunque tiene matices diferentes, el término "cívico", de origen latino, tiene un significado afín al de "político", de origen griego. Ambos hacen referencia a la ciudad: "civitas" en latín y "polis" en griego.

La educación, sabemos por otra parte, no es simplemente la instrucción escolar. La educación principal y más de fondo es la que tiene sus raíces en la familia. Por lo mismo, el inicio de una verdadera educación cívica o política se halla en la educación recibida en la familia. Si queremos buenos políticos necesitamos primero buenos ciudadanos, y si queremos buenos ciudadanos, necesitamos buenas familias.

Un pueblo educado y con buena información podrá votar con mayor conciencia y responsabilidad cuando se presente la ocasión, será menos influenciable por la propaganda parcial que suele generarse antes de unas elecciones y más atento a lo que de verdad es más importante. Pero hay que tener en cuenta que toda educación auténtica requiere el respeto a la libertad. Por eso la educación no es adoctrinamiento forzado, sino comunicación en la verdad.

La educación política requiere un cierto nivel de conocimientos y unas ciertas disposiciones virtuosas en los ciudadanos, sobre todo en quienes ocupan cargos públicos. No se trata de que cada ciudadano se un experto en filosofía o en historia de las ideas políticas, o que se exija una vida inmaculada y sin errores, pero sí de que haya una cultura general y un mínimo sentido de solidaridad y preocupación por el bien común. Éste debe ser el propósito de la educación política.

En México necesitamos una mejor educación y en ello tienen responsabilidad no nada más el gobierno, las escuelas y universidades u otras instancias culturales, religiosas o de otro tipo, porque todos estamos llamados a aportar nuestro granito de arena, al menos mejorando (formándonos) cada uno de nosotros mismos y contribuyendo a la formación en nuestra familia y ambiente social.

Los cristianos, por nuestra parte, tenemos una gran oportunidad de aportar a la convivencia social precisamente bajo las premisas de educación, libertad, respeto a la dignidad de las personas y promoción de la familia.