Visión Social

Drogas y sociedad

Apenas hace unos días fue capturado nuevamente uno de los más importantes jefes del narcotráfico y esperamos que esta vez no suceda como las anteriores. La lucha contra esta grave plaga ha de seguir porque las dimensiones inmensas y la complejidad del problema no permiten soluciones fáciles ni acciones que lo puedan resolver en el corto plazo. Debemos ser conscientes de que todos los países y sus ciudadanos deben sentirse involucrados para poder obtener resultados favorables. La acción de la fuerza pública contra los grandes grupos criminales es en realidad sólo una parte, importante sin lugar a dudas, en el esfuerzo para ello.

Conviene considerar que el problema de las drogas (refiriéndonos principalmente a cocaína, heroína, anfetaminas, mariguana, etc., excluyendo el uso médico de algunas) implica su producción, su distribución y su consumo. Sólo teniendo en cuenta toda la cadena se podrán encontrar caminos para abatir los daños que producen. Las personas involucradas en las diversas etapas no todas pueden ser responsabilizadas de la misma manera, sea desde el punto de vista moral que desde el punto de vista jurídico.

La producción de algunas drogas afecta la agricultura y los sectores campesinos en muchos casos se ven "obligados" a sembrar las plantas que sirven para obtenerlas porque es la única alternativa viable para obtener los recursos económicos para la subsistencia o porque, de plano, el crimen organizado no les permite hacer otra cosa bajo la amenaza de sus propias vidas. Los laboratorios para el procesamiento de las sustancias ilícitas operan bajo la misma dinámica, ofreciendo ciertos beneficios económicos por un lado, y usando la amenaza por otro, a quienes se involucran, a veces por ambición, a veces por falta de otras oportunidades. En este ámbito el combate al narcotráfico no podrá tener éxito de fondo si no va acompañado de un esfuerzo de los estados y de las sociedades para dar a las personas seguridad y fuentes trabajo.

El comercio de la droga ha generado monstruos con capacidades que rebasan cuanto la policía de cualquier ciudad pueda afrontar sola. Los kilómetros y kilómetros de rutas y el volumen que se mueve a través de ellos son protegidos a su vez con medios prácticamente militares. Los narcotraficantes no solo llevan la droga a las fronteras de los grandes mercados, como el de Estados Unidos o de Europa, sino que en esos mercados existe igualmente una amplísima red de este deplorable comercio. La coordinación y la cooperación de los estados para poder rebajar y eliminar este comercio son imprescindibles y es una exigencia moral que los ciudadanos deben recordar a las autoridades.

El consumo no es nada más un punto final, pues en realidad es lo que pone en marcha toda la dinámica, pues, como decían los filósofos, lo primero en la intención es lo último en la ejecución. La droga trae enormes consecuencias a quienes la usan, en primer término, pero también a sus familias y a la sociedad en general, destruyendo la salud y los lazos que vinculan a las personas. Aquí, la prevención y la rehabilitación necesitan apoyarse en un fundamento moral que les dé sentido y fundamento.